EL PENACHO DEL MÉXICO ANTIGUO, UN SÍMBOLO CON DOBLE VALOR

Autores: Octavio R. Rojas Soto y Claudio Mota Vargas

Red de Biología Evolutiva, Laboratorio de Bioclimatología, Instituto de Ecología A.C

Figura 2. Réplica del Penacho del México Antiguo o Penacho de Moctezuma. Imagen tomada de De Thomas Ledl - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=41846248

Figura 1. Réplica del Penacho del México Antiguo o Penacho de Moctezuma. Imagen tomada de De Thomas Ledl – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=41846248

La historia es una disciplina fundamental en toda sociedad humana que nos ayuda a entender nuestro origen, nuestra idiosincrasia y el porqué de nuestra actualidad. Todas estas ideas se pueden resumir en aquella máxima que dice: “aquel pueblo que no conoce los errores de su pasado está condenado a repetirlo”, esta frase hace referencia a los “errores” del pasado; sin embargo, nosotros quisiéramos hacer énfasis también en los “aciertos”, a partir de los cuales podemos valernos para enorgullecernos de lo que somos en la actualidad y tener más claridad hacia nuestro futuro.

Actualmente existen elementos del pasado como objetos, construcciones, costumbres, idiomas; que con frecuencia son rescatados y transformados en símbolos que nos permiten reconocer eventos ocurridos en el pasado y que a su vez ayudan a los pueblos a reivindicar sus creencias, identidades e incluso su nacionalismo. Algunos ejemplos son las banderas e himnos de los países; construcciones milenarias como las pirámides de Guiza, la Gran Muralla China o la ciudad de Machu Picchu; o construcciones simbólicas más recientes como la Estatua de la Libertad, la Torre Eiffel, o el cristo Redentor de Brasil, por mencionar algunos.

En este caso, queremos revalorizar uno de los símbolos más representativos e importantes del México que es el Penacho del México antiguo, mejor conocido como el Penacho de Moctezuma. Este tocado o quetzalapanecáyotl fue elaborado principalmente con plumas de quetzal que eran engarzadas en oro y según la tradición, se le atribuye su pertenencia al emperador Moctezuma Xocoyotzin, de ahí su nombre, aunque no hay certeza histórica de ello.

Existe la creencia de que el penacho fue mandado por Cortés como un regalo al rey de España Carlos I. El primer indicio del penacho en Europa se remonta a 1596 en un inventario de la colección del Castillo de Ambras en Innsbruck Austria, en donde se menciona “…un sombrero morisco de bellas y brillantes plumas largas de color oro y verdoso…”. Posteriormente la colección cambió varias veces de lugar, hasta que en 1880 llegó al Museo de Historia Natural en Viena y actualmente se expone en el Museo de Etnología de Viena como la pieza más famosa del museo.

Hubo vanos intentos de repatriarlo por parte del gobierno mexicano, pero ese frustrado sueño de tenerlo de vuelta vio un despertar en 1937, cuando el expresidente Abelardo Luján Rodríguez, inició el proyecto de realizar una réplica fidedigna del penacho. Así fue como comenzó la titánica tarea, con apoyo del museo de Viena, para analizar cada uno de los detalles del penacho original para lograr su replicación. Parecía una tarea difícil de lograr, ya que el penacho estaba construido con piezas de oro, piedras preciosas, así como plumas de quetzal y otras especies de aves.

 

Figura 3. Individuo macho de quetzal Pharomachrus mocinno. Tomado de https://ebird.org/species/resque1

Figura 2. Individuo macho de quetzal Pharomachrus mocinno. Tomado de https://ebird.org/species/resque1

El encontrar los materiales originales y lograr su réplica, implicaba un enorme reto; y es por ello que queremos resaltar que, además de su valor simbólico nacional, la elaboración de dicha réplica pudo haber tenido implicaciones ecológicas y de conservación del quetzal (Pharomachrus mocinno); ya que se estima que para la elaboración de la réplica del quetzal se requerían 600 plumas: 400 de una longitud de 60 cm aproximadamente y el resto entre 40 y 50 cm (los quetzales tienen dos plumas largas). La adquisición de esas plumas es muy intrigante, ya que nunca se especificó de dónde y cómo fueron obtenidos todos los individuos de quetzal, lo cierto es que, hayan sido colectados o capturados y vueltos a liberar (esto último poco creíble debido a que se realizó en pocos meses) el efecto que potencialmente tuvo sobre las poblaciones naturales de la especie, seguramente fue muy negativo.

El quetzal actualmente se encuentra en peligro de extinción, lógicamente, no tenía cabida en aquel entonces la controversia entre la idiosincrasia histórica de algunas personas (representada por la idea de la recuperación del penacho) en contra de la conservación de la biodiversidad. Y aquí deseamos aclarar que la idea de la conservación de especies, estaba muy lejos de ser reconocida como una obligación moral necesaria; aspecto que se logró oficialmente en los años 90’s, a partir de “La Cumbre de la Tierra” y que es ahora uno de los mayores deberes de la humanidad. Pero la biología en el México de ese entonces, representaba una ciencia en pañales y que estaba representada mayormente por naturalistas, cuyo sincretismo no tenía razones, ni debía porqué tenerlas, sobre la idea de la sobreexplotación y uso desmedido de los recursos naturales.

Por ahora no nos queda nada más que recomendar a la gente que visiten la sala Azteca del Museo de Antropología en México, donde pueden pararse frente al penacho y admirar su belleza, imaginar la grandeza del pueblo al que hoy representa. Y les pedimos que lo hagan sin remordimientos, a pesar del número de quetzales que probablemente fueron sacrificados, para que el día de hoy, podamos doblemente valorar la importancia de ese penacho, como parte de nuestro pasado histórico y nuestra riqueza natural; de lo contrario, no tendrá justificación alguna la potencial afectación poblacional de una especie tan esplendorosa como la “serpiente emplumada” de nuestros antepasados.