Por: Teresa Adriana Castillo Romero

Hablar de los galardonados con el premio Nobel de Literatura, siempre resulta meterse en vericuetos. Los puristas de la literatura y los que no lo son, pero se asumen como tal, siempre quedarán descontentos o encontrarán algún motivo para descalificar al ganador en turno de tan codiciada presea.

Recordemos lo sucedido el año pasado cuando el comité que concede los nobel, decidió otorgar el premio a Bob Dylan, los literatos quedaron estupefactos y los chairos de la literatura se mega ofendieron.

Es muy importante señalar que, en el mundo de las letras, también se mueven intereses económicos, la industria editorial maneja miles de millones de dólares, por lo tanto, esto también influye en la decisión de a quién se le otorgará el dichoso premio.

Este año, la polémica no se quedó atrás, el escritor británico Kazuo Ishiguro, no era, por mucho, uno de los candidatos que figurara en las quinielas. Muchos literatos no consideran que la obra de este autor sea digna de tal honor.

Pero realmente no es tan malo como intentan hacerlo parecer, la Academia sueca llevaba dos años generando controversia y extendiendo las fronteras literarias al premiar a Dylan, un compositor, y a una periodista, Svetlan Alexiévich.

Con Ishiguro, regresaron a lo convencional, ya que es un novelista al que la exitosa adaptación al cine de dos de sus obras, Lo que queda del día, con Anthony Hopkins y Emma Thompson y Nunca me abandones, con Carey Mulligan y Andrew Garfield, en lo que es la primera incursión del escritor en la ciencia ficción, le ha permitido llegar al público de masas.

Este reconocimiento es sin duda, menos controvertido, incluso menos osado, que el otorgado a Dylan, el año pasado.

La academia justificó la elección del británico por tratarse de un novelista “con una gran carga emocional, capaz de descubrir el abismo que surge por debajo del ilusorio sentido de conexión con el mundo.”

Kazuo Ishiguro, nació en Nagazaki, en 1954, pero su familia se trasladó a Inglaterra en 1960. En 1995 fue nombrado Oficial de la Orden del Imperio Británico, y en 1998, el gobierno francés lo nombró Caballero de las Artes y las Letras.

Es autor de siete novelas, que han sido traducidas a cuarenta idiomas y recibido distintos premios.

Sus novelas son: Pálida luz en las colinas (Premio Winifred Holtby), Un artista del mundo flotante (Premio Whitbread), Los restos del día (Premio Booker), Los inconsolables (Premio Cheltenham), Cuando fuimos huérfanos, Nunca me abandones (Premio Novela Europea Casino de Santiago) y El gigante enterrado.

Cuenta además con el libro de cuentos Nocturnos, y también escribe guiones para televisión y cine.

Por si les interesa acercarse a leerlo, su obra completa se encuentra traducida al español, por la editorial Anagrama.