Institucionalmente el Partido Revolucionario Institucional ha sido el conducto por donde ha transitado un incalculable número de políticos cuya acción dejó huella indeleble en el destino de este país; denostado como el culpable de todo lo malo de cuanto sucede en México, porque lo ha gobernado desde 1946, con un interregno de doce años 2000-2012, este partido figura ya como una de las instituciones de mayor protagonismo en la historia nacional. Pasillo del poder o hacia el poder, escenario de formación de cuadros políticos, y de alternancias internas de grupos con ideas diferentes sobre el proyecto de nación, eso y más ha sido el PRI.

El PRI y el Partido Acción Nacional han escenificado batallas electorales y doctrinarias de antología, son organizaciones políticas cuya permanencia en la brega electoral data desde su fundación hasta el presente, por el año de su fundación el PAN es de mayor edad pues nació en 1939, y luego entonces su primer adversario fue el Partido de la Revolución Mexicana (PRM-1938), directo antecesor del PRI, creado en 1946, para servir de marco político electoral a la primera generación de civiles que arribó a la presidencia de la república con Miguel Alemán Valdés, la cabeza del “Alemanismo”.

El PRI nace con Alemán Valdés como candidato a la presidencia de la república, gobernó a este país ininterrumpidamente desde 1946 hasta el año 2000 cuando su tenaz antagonista, el PAN, logró derrotarlo y repitió la faena en 2006 (doce años al frente del país, durante los cuales se esperaba una alternancia con transición, pero en realidad no la hubo en los términos deseados por la ausencia de cambios estructurales. Cuando en 2012 el PRI retornó a Los Pinos se supuso una Restauración, fenómeno ya imposible, pues aun pretendiéndolo las circunstancias no lo hubieran permitido.

¿Por qué el PRI es semillero de México? Porque por sus venas corrieron los actores políticos que hasta hoy diseñan el destino de este país. No se requiere de extraordinarios esfuerzos de memoria para documentarlo: Miguel Alemán dominó por largos años el espectro político del país, pudiera asegurarse que hasta Díaz Ordaz (1964-1970) imperó su caudillaje entre empresarios y políticos del periodo posrevolucionario, que lo tuvieron como un icono político, y la elite política lo reconocía como un emblema.

La transición generacional se produjo a partir de Luis Echeverría (1970-1976), y fue López Portillo (1976-1982) quien favoreció el cambio designando candidato y sucesor a Miguel de la Madrid (1982-1988), otra generación con otro proyecto de nación, el neoliberalismo ya en su apogeo con Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), y por el sucesor de este, Ernesto Zedillo (1994-2000), a quien se atribuye haber favorecido la alternancia partidista en la presidencia de la república.

Todo fue dentro del PRI: relevo generacional, sustitución de actores políticos y alternativos proyectos de nación. Pero esa intensa sucesión de acontecimientos produjo desajustes ideológicos y políticos al interior del Partido, y comenzó a gestarse la semilla del cambio y “la pluralidad”. Hizo crisis en 1986, cuando se formó al interior del PRI la Corriente Crítica, cuyos impulsores fueron expulsados causando un ruptura que desembocó en la formación de un Partido por ellos liderado, el de la Revolución Democrática, nacido en 1989, a ese episodio lo marcó la reñida competencia electoral de 1988, el gran parteaguas a partir del cual podemos identificar las bifurcaciones del árbol genealógico priista en la política nacional.

La izquierda ha sido una constante en el diagrama político de México, el Partido Popular de Lombardo Toledano, devenido después en Popular Socialista, escenificó interesante debate ideológico con su antípoda doctrinario, el PAN, y obtuvo diputaciones de partido a partir de 1964, mientras el Partido Comunista se movía en el clandestinaje y no aparecía en las boletas. El PRD avivó a las izquierdas a las que la reforma política de 1977, puesta en práctica en la elección federal de 1979, había incorporado a la lucha política, y lograron cargos de elección popular aprovechando que desde el Sistema se abrió la válvula de presión y los acomodó a través de la representación proporcional. El PRD las convocó y se integraron como en tribus, juntos pero no revueltos. ¿Y quiénes lideraron ese movimiento? Ex priistas, por supuesto: Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muños Ledo, entre los primeros en abrir la puerta por la que después entró otro ex priista, Andrés Manuel López Obrador.

Las cuentas del rosario se soltaron, la mazorca priista empezó a desgranarse: Manuel Camacho Solís, Manuel Barttlet, Dante Delgado, Ricardo Monreal, Arturo Núñez, Miguel Ángel Yunes Linares, Ángel Aguirre, Diódoro Carrasco, El Bronco, Juan José Sabines Guerrero, Mario López Valdez (MALOVA), y muchos más, todos nacieron políticamente en el PRI, han gobernado sus respectivas entidades o están entregados a la retórica en el Congreso de la Unión.

Observado con visión objetiva, los testimonios desactivan los argumentos de quienes atribuyen al PRI la corrupción y todo cuanto de malo acontece en el país, cuando se trata de una organización política de dimensiones muy por encima de cualquier individuo en particular. En todo caso, sin eufemismo alguno, llegaríamos a la conclusión de que, en política a la mexicana, el PRI somos todos, porque cuando militantes de los otros partidos alcanzaron a gobernar incurrieron también en prácticas de corrupción en municipios y gobiernos estatales.

Para explicar el transfuguismo de un partido a otro debe acudirse al común denominador en política: la búsqueda del poder matizada en no pocos casos con la ambición de poder, aquella es legal y legítima, esta última pervierte a la política porque se acompaña del más crudo de los pragmatismos, tal cual lo estamos observando ahora mismo en México: Agua y Aceite ¿juntos? PAN-PRD, Morena-PES. Lo justifican: la culpa se atribuye al “ADN priista”.

Y así seguirá el cotarro hasta que la Ciudadanía despierte de su modorra y decida participar enterándose mejor del acontecer de México.

alfredobielmav@hotmail.com
20- diciembre-2017.