Manuel Granados, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRD, estuvo en Xalapa para registrar la candidatura de Miguel Ángel Yunes Márquez al gobierno del estado, por la alianza con PAN y MC, de acuerdo a tiempos estatutarios regidos por el calendario regulado por el INE. Como en ese micro universo todo gira en torno al tema electoral, Granados Covarrubias aprovechó para señalar que Andrés Manuel López Obrador “ya se estancó y no logrará aumentar los votos a su favor… El único candidato que crece en la preferencia electoral es Ricardo Anaya; el candidato de Morena ya se entabló y no tiene capacidad de crecimiento, llegó a su límite. La primera ocasión que participó como candidato a la Presidencia logró 35 puntos en la preferencia, la segunda vez 31 y ahora está en 28. La preferencia de Andrés Manuel ha decrecido”.

Obviamente es una entrevista de banqueta que no necesariamente refleja el enfoque estratégico del partido que encabeza Granados Covarrubias, porque desde la perspectiva real eso de que se estancó y ya no va a crecer la simpatía hacia AMLO es simplemente una opinión subjetiva, ya que reducirlo a situaciones de antaño no se corresponde con las circunstancias sociopolíticas actuales, sería ocioso abundar en las diferencias con las de 2006 y 2012 y que los matices van de acuerdo a las circunstancias que prevalecían en cada año electoral.

Estacionarse en el argumento de que López Obrador ya llegó al tope y no crecerá más, denotaría desconocimiento del acontecer mexicano de estos días y hacer a un lado elementos tan importantes como el voto duro de cada partido y las debilidades propias, además de sobreestimar una alianza entre dos partidos en decadencia con otro cuyas divisiones internas le generan trastornos en su campaña. Un factor de importancia será el dilema de la base de cada partido en el momento de depositar su voto a favor de un adversario tradicional, por no decir que histórico. Si no se consideran estas variables difícilmente podría acercarse a un diagnóstico más preciso, quedando todo en apreciaciones y conjeturas de campaña política donde todo es según el cristal con que se mira.

Es indiscutible que en ese Frente hay fallas de origen, de las llamadas estructurales, propias en una alianza forjada desde las cúpulas de mando de tres partidos, que revestidos del más crudo pragmatismo no consultaron a sus respectivas militancias y en ese pecado pudieran llevar la penitencia.

¿El fin justifica los medios? si se consigue el cometido sí, si no, no, dijeran en el llano emulando al gallego. Pero después de dos intentos por alcanzar la presidencia de la república, en los cuales López Obrador cometió un sinfín de errores estratégicos en este tercero parece haber rectificado y va al extremo adoptando medidas impensables en 2006 y 2012, que de haberlas implementado le hubieran aportado buenos dividendos;, pero ningún caso tiene acudir al “hubiera”.

Está fresca la experiencia electoral del Estado de México, en donde la soberbia e intransigencia de AMLO impidieron el triunfo de su franquicia al desechar la posibilidad de alianzas aportadoras de voto. Pero ya se convenció en esta ocasión en que juega su tercera oportunidad por llegar a la presidencia de la república, ahora va al extremo y recibe todo lo que llega. Ya no discrimina, y adopta la actitud de un monarca absolutista que decide a favor del forastero que llega en menoscabo de los de casa, como tal ocurre al recibir a una panista, otrora su acerba adversaria que pagó una fianza contra el desafuero de AMLO en 2005 para no convertirlo en mártir, eso hizo Gabriela Cuevas quien ahora se incorpora a Morena y se le recibe a cambio de entregarle una diputación vía representación proporcional, a alguno de los de adentro costará ese desplazamiento.

Esa maroma revela una eventual apertura del Peje y la capacidad de “gestión de la señora Cuevas, quien para conseguir la presidencia de la Unión Interparlamentaria, según se lee en Templo Mayor de Reforma, requirió de los buenos oficios del canciller Videgaray, y para conservar ese puesto ahora se acercó a Morena, pues según ella en el PAN “ya no hay democracia”. Pero justamente este acontecimiento es característico de una democracia incipiente, peor aún porque no se acompaña de convicciones ideológicas sino de recalcitrante oportunismo.

La Caravana por la Dignidad que encabeza Javier Corral tiene fuertes matices electorales que sirven de eco a la campaña de Ricardo Anaya, se duda de su eficacia pero hace ruido mediático pues el propio Javier Corral la encabeza, aunque en la euforia retorica se le “chispotea” y adelanta el juicio de que si no gana Anaya prefiere la victoria de Morena a la del PRI. Pero esto tiene aún mucho camino por delante, y aunque todas las apariencias acompañan la percepción de un AMLO arrollador, habrá que esperar al despliegue de las estrategias de cada partido-candidato después de lo cual la realidad nos dirá por donde quedará la bolita.

Estamos inmersos en un periodo electoral de cuyo desenlace pende el destino inmediato de México, es trascendente este periodo de la transición mexicana en cuyo espacio ya experimentamos dos alternancias, obviamente ése logro fue con la participación ciudadana que, consciente o no, depositó su voto por el candidato que la convenció o por el partido de su predilección, de allí la importancia de saber por quién se vota, de un voto recapacitado: doña Margarita Zavala, El Bronco, Ríos Piter, Anaya, AMLO, Meade quieren gobernarnos en legítima aspiración, si resulta que nos equivocamos se habrá equivocado la mayoría, pero en la democracia por una mayoría que no le atina al bueno pagamos todos.

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