Al amparo de la especulación política electorera se ha introducido en el debate público la idea sobre un hipotético “arreglo” entre el gobierno federal y el del estado para que en Veracruz triunfe el candidato del PAN al gobierno estatal, y a cambio el PRI gane la elección para presidente. La peregrina sugerencia pronto prendió entre los rumorólogos de profesión, que siempre prestos a replicar absurdos menosprecian la reflexión o el análisis y cultivan en campo fértil, abonado por un proceso electoral cada vez más caliente.
En ese carril transita en la aldea jarocha Cuitláhuac García, candidato de MORENA al gobierno del Estado, pues cada vez que puede reitera que ésta contienda electoral se libra entre Miguel Ángel Yunes Márquez, candidato del PAN, y él, sustenta su apreciación en la tesis arriba planteada y no concede ninguna oportunidad a José Yunes Zorrilla. En esa lógica el “Cui” señala que asistiría a un debate en los medios de difusión si Yunes Márquez lo acepta, “si él va yo confirmaría”, dice: “debemos medir su elocuencia contra la mía”. No menciona para nada a José Yunes Zorrilla, candidato del PRI, ¿será porque en verdad piensa que este diferendo electoral es una competencia solo entre dos?
Suena descabellada esa especulación que radio bemba difunde acerca de un “pacto” entre el gobierno federal y el de Veracruz para hacer ganar a Meade en esta entidad a cambio de “entregar” el gobierno local al PAN, porque es una versión sin sustento en la realidad, al menos porque no considera ciertos elementos: a) porque no es posible concebir que el candidato del PRI, José Yunes Zorrilla, se preste a esa manipulación; b) ¿quién convencería al electorado a votar de modo diferenciado como lo asienta ese rumor?; c) en el supuesto de que Meade gane Veracruz, no le garantiza por sí solo la presidencia de la república al grado de sacrificar un estado en donde se es competitivo; d) la supuesta doble traición Peña contra el PRI en Veracruz, y de Yunes Linares contra Anaya, sería sorprendente; e) la competencia es entre tres candidatos con capacidad electoralmente competitiva y muy equivalente, entonces ¿qué razón de peso, lógica y atractiva induciría a armar una maquinación sin pies ni cabeza?
En el entendido de que es un rumor cuyo fondo es electorero, en esa iterativa tendencia pudiera estar subyacente una visión cuyo basamento sean los datos duros de la elección 2016 y en el resultado del proceso electoral municipal de 2017. Ciertamente, en la elección para gobernador en 2016 el mapa político veracruzano era muy diferente del actual: gobernaba el PRI, ahora gobierna el PAN, ya no está Duarte como pera de entrenamiento boxístico y MORENA hace gobierno en municipios importantes de la entidad, todo eso configura un coctel de circunstancias que indudablemente participan en esta contienda de 2018.
Una visión a vuelo de pájaro si bien transmite un panorama bastante amplio falta sin embargo el detalle. Porque en esta contienda electoral veracruzana están en movimiento tres fuerzas políticas, dos tradicionales y la emergente representada por MORENA ¿a cuál de ellas favorecen las circunstancias? Es manifiesto que la persistente y prolongada presencia de AMLO en el territorio nacional, combinada con el enojo social, inseguridad y pobreza, favorece a sus candidatos por el conocido “efecto” en base a que la suerte del principal la transmite a lo accesorio, tal vez eso mantiene confiado a Cuitláhuac, para quien la delantera de AMLO implica su supuesta ventaja.
Empero, la diferencia pudiera estar en el detalle. Durante la última década del siglo XX pudimos observar el dinámico crecimiento electoral del PAN y del PRD, el primero ganó gobiernos y capitales estatales, el segundo irrumpió con fuerza en el Congreso federal y ganó el gobierno del Distrito Federal. En ese entonces el Instituto de Investigaciones de la UNAM implementó una encuesta: “los mexicanos de los noventa”, una de las preguntas fue: “¿Qué es más importante para usted cuando decide su voto, el candidato o el partido? La respuesta se inclinaba por el candidato. He aquí un elemento cuya importancia ningún actor político debiera soslayar.
Conclusión: en el escenario electoral veracruzano no se atisban visos del famoso “arreglo”; salvo opinión en contrario que demuestre cómo diablos haría su implementador para convencer a cada votante de emitir un voto diferenciado. (Aunque en 2016 en el distrito de Catemaco corría el rumor que Vicente Benítez repartía dinero a manos llenas con la consigna “voten por el mí, aunque voten en contra de Héctor”). También olvidan al árbitro electoral, el INE, que según se observa está en disposición de hacerse sentir y aplicar la norma electoral con todas sus consecuencias. Pero todo cuanto hasta ahora ha ocurrido pudiera ser diferente a mediados de mayo.
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