Por El Tlacuilo

Fidel el sabio

 

Fidel Herrera Beltrán fue un gobernador sensible a la crítica de los medios de comunicación, procuraba dar seguimiento a todos los señalamientos de los periodistas. Trataba a los comunicadores con respeto y de manera personal. Difícilmente Fidel dejaba de enterarse de lo que sucedía en la prensa día con día. Si Duarte le hubiera aprendido a tener ese trato de respeto y de pluralidad con los periodistas, tal vez otro gallo le estaría cantando.

 

Fidelada uno

 

Solamente con la sana intención de recordar cómo se hacía “política” en antaño, les platicaré algunas anécdotas del famoso Tío Fide.

Una señora abordó ingresando a Palacio al entonces Gobernador, le reclamó que “su asunto” no se había solucionado aún, a lo que Fidel respondió que ya había dado indicaciones en su oficina para que se lo resolvieran. “¡Pues no me lo han resuelto!”, reclamó la señora, a lo que Herrera le respondió: “¡Entonces alguien te odia en mi oficina mujer, yo contra eso no puedo hacer nada!”.

 

Fidelada dos

 

A Fidel Herrera se le pasó la mano de apapachar al pueblo, acostumbraba llevar billetes de a 100, 200 y 500 en las bolsas y los repartía entre los “necesitados”, su estilo era a la Chucho el Roto, con la diferencia que lo que repartía a los pobres era dinero de los mismos pobres y no de los ricos. Al final de su gobierno estaba hastiado de la gente. En un evento frente a Tránsito estatal un hombre lo seguía insistentemente; al pasar junto a una fuente, harto de su insistencia, Fidel empujó al parroquiano al agua para después dar voces de alerta: “¡Ayuden a este hombre que ya se cayó a la fuente!”

 

Fidelada tres

 

En el aeropuerto de El Lencero un renombrado periodista acompañaría a Fidel Herrera a una gira de trabajo, al transitar rumbo al helicóptero apareció un “pedinche” al que Fidel explicó que no traía dinero, ante la insistencia del pedigüeño el entonces gobernador le preguntó al columnista: “¿Traes 200 pesos que me prestes?” Obvio que sí se los prestó y fueron entregados al feliz pedinche. Fidel sonrió y le comentó a su acompañante: “¡Me hubieras dicho que no traías hermano! ¡Es la primera vez que un gobernador “chayotea” a un periodista!”. Sobra decir que el columnista jamás volvió a ver sus 200 pesos.

 

Fidelada cuatro

 

Eran los tiempos de que habían salido a la luz varias conversaciones telefónicas de Fidel Herrera, en la memoria colectiva del país estaban frases como que Duarte andaba “reapendejado” (luego se puso demasiado abusado). Aquella de que tenía todo el pinche poder en la mano y que “El Fogoso” debía escribir alguna canción. En esos días se celebró una reunión de la Conago. Los otros gobernadores esperaban verlo llegar bajito y humilde; pero no, llegó a una mesa que ocupaban varios gobernadores, les puso las grabaciones ante sus miradas atónitas, para después decirles: “El hombre que grabó esto es un artista, me imita la voz a la perfección.”

 

Fidelada cinco

 

La carretera Xalapa-Veracruz estaba bloqueada, todo aquel que llegaba a tratar de solucionar el problema se llevaba su costal de mentadas de madre. Las autoridades municipales pidieron auxilio a las estatales, llegó el entonces subsecretario Paco Portilla y no pudo acordar, después el entonces secretario de Gobierno Reygau Escobar, y nada. De repente surcó los cielos el famoso helicóptero colorado, la gente empezó a aplaudir: “¡Ahí viene Fidel!”. Al llegar Herrera Beltrán casi le pedían su autógrafo. Fidel jaló a la lideresa, la abrazó mientras caminaban hacía el Palacio de Dos Ríos y le preguntó que querían. “Agua gobernador, no tenemos agua” dijo la mujer, a lo que Fidel le respondió: “cuenta con eso, que más necesitas”. “Componer la escuela” dijo. Fidel metió la mano a la bolsa de su saco y extrajo un fajo de billetes de mil pesos que entregó a la señora, quien intentó levantar el dinero en la mano mientras Fidel se la detenía.

Pasó la reunión con las autoridades municipales quienes se comprometieron a solucionar el problema. Al salir, casi como si no recordara el asunto, Fidel se dirigió al alcalde Retureta para indicarle: “Por cierto alcalde, me debe usted un dinero que le di a la señora, que le hagan un recibo para que se lo descuenten de la cuenta pública… ¡Ah aquellos tiempos de la política folclórica!