Los ingenieros civiles hacen uso de los recursos naturales en la creación de grandes obras de infraestructura, en beneficio de la población. Unas de esas obras son las presas. En el siglo XX se realizó la construcción de importantes obras de infraestructura, entre ellas, grandes presas ubicadas en el estado de Chiapas. Estas presas se encuentran en esa región porque por ahí corren ríos caudalosos, los que son aprovechados para generar energía eléctrica y otros importantes usos. Existieron en su momento protestas de algunos sectores de la sociedad, que consideraban que las grandes obras se estaban realizando sin tener cuidado con el ambiente, con serias consecuencias ecológicas negativas. Ambas posturas tienen parte de razón. Sin las grandes obras de infraestructura, el desarrollo de los países se vería frenado y los habitantes padeceríamos grandes carencias. Por otro lado, si las construcciones se hacen sin poner atención a las consecuencias ambientales, el daño a la sociedad, actual y futura sería muy grave. Ahora se reconoce la necesidad de las obras, pero al mismo tiempo se exige tener el mayor cuidado posible para no comprometer el legado de las generaciones futuras (“Desarrollo sustentable”).

En muchas ocasiones, los ingenieros civiles hacen uso de los recursos naturales en la creación de grandes obras de infraestructura, construidas en beneficio de la población. Unas de esas obras son las presas, las cuales sirven para generación de energía eléctrica, para almacenamiento de aguas, control de avenidas, etc. Cuando era estudiante de ingeniería civil, en el último cuarto del siglo XX, en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, me tocó observar la construcción de varias de las importantes obras de infraestructura que se hicieron en aquella época, entre ellas, dos de las grandes presas ubicadas en el estado de Chiapas, Chicoasén y La Angostura. Estas presas se encuentran en ese estado de la república porque por ahí corren algunos de los ríos más caudalosos del país, entre ellos el Grijalva, lo cual es aprovechado para generar energía eléctrica y otros importantes usos. Por la misma época, también pude atestiguar las protestas de algunos sectores de la sociedad, encabezadas por los científicos de la Facultad de Ciencias de la misma UNAM porque consideraban que las grandes obras se estaban haciendo sin tener cuidado con el ambiente, con serias consecuencias ecológicas negativas. Parecía que estábamos observando a dos bandos en un enfrentamiento: por un lado, los que pugnaban por el desarrollo en sí, a veces, sin reparar en las consecuencias y, por el otro, los que se oponían a esas grandes obras argumentando que causaban más daños que beneficios.

El tiempo demostró que ambos bandos tenían, y tienen, parte de razón. Sin las grandes obras de infraestructura, el desarrollo de los países se vería frenado y los habitantes padeceríamos de grandes carencias (solo recuerden cuando se haya ido la luz en su casa). Por el otro lado, si las construcciones se hacen sin poner atención a las consecuencias sociales, ecológicas y económicas, el daño a la sociedad, actual y futura sería muy grave. De esta disyuntiva surgió el concepto de Manifestación de Impacto Ambiental. En los países más conscientes de los problemas generados por las obras de infraestructura, como México, se empezaron a exigir estudios y acciones que tendieran a mitigar en la medida de lo posible, los efectos nocivos de las obras. Se reconoce la necesidad de estas, pero al mismo tiempo se exige tener el mayor cuidado posible para no comprometer el legado de las generaciones futuras. Eso es lo que se ha dado en llamar “Desarrollo sustentable”.

De este análisis podemos extraer varias importantes lecciones: primero, que es importante generar planes de desarrollo eficaces y viables que representen beneficios para el conjunto de la sociedad y no para unos cuantos. Que se construyan obras técnicamente eficientes y durables, de preferencia con costos razonables. Aquí es donde intervienen los ingenieros civiles quienes son los encargados de planificar, proyectar, diseñar y construir las obras de infraestructura. Si los ingenieros son competentes, preparados y realizan su trabajo con calidad, las obras representarán un beneficio de enorme importancia. La otra lección que podemos aprender es que debemos ser conscientes de los impactos de lo que proyectamos y construimos. Estas lecciones se aprendieron como coloquialmente se dice, a la mala y sobre la marcha. Hace algunas décadas no se tenía claridad sobre los impactos de las grandes construcciones; el concepto de cambio climático global era desconocido, la conciencia ambiental era incipiente y los impactos del crecimiento no eran entendidos a cabalidad. Aún ahora hay incertidumbres de lo que puede pasar en el futuro mediato y a largo plazo por causa del efecto antrópico (producido o modificado por la actividad humana).

Lo que resultó evidente fue que, si seguíamos procediendo de la misma forma, generando crecimiento sin control o sin prestar atención a sus consecuencias, íbamos derecho a la catástrofe. Los responsables de planificar el desarrollo de las naciones se vieron en la necesidad impostergable de poner límites al crecimiento desordenado para frenar los efectos derivados del mismo. Pero esta reacción no se dio de la noche a la mañana ni sin la presión de la sociedad que empezó a exigir que hubiera un crecimiento equilibrado y que no comprometiera el futuro de la humanidad, so pena de enfrentar cataclismos impensados hasta la fecha.

La última gran lección que podemos aprender y a mi juicio, la más valiosa, es que la opinión de la sociedad debe ser escuchada y atendida para generar modelos de desarrollo compatibles con el bienestar social. Los países exitosos han aprendido bien esta lección y la ponen en práctica cotidianamente. En México todavía estamos en el proceso de ponernos de acuerdo en cual es el modelo de desarrollo que más nos conviene y justamente por eso, la voz de la sociedad debe ser tomada en cuenta. En esta tarea tendrán una importancia fundamental los medios de comunicación modernos y de gran alcance y penetración, en particular, los medios digitales como El Portal Comunicación Veracruzana https://elportal.mx/. En el Colegio de Ingenieros Civiles Carlos Nachón Aguirre Veracruz celebramos y apreciamos que se nos dé oportunidad de expresar nuestra opinión, la cual esperamos que, de una manera ágil y entretenida, contribuya a fortalecer esa opinión pública que es tan necesaria en estos tiempos.

Dr. Raymundo Dávalos Sotelo

Presidente del IV Consejo Directivo del

Colegio de Ingenieros Civiles Carlos Nachón Aguirre Veracruz