Con mucha frecuencia se dice que Morena no se puede catalogar como un auténtico partido político (aunque normativamente cumple los requisitos para serlo), sino un amasijo de grupos reunidos en torno a su líder natural, Andrés Manuel López Obrador; en ese contexto formulan la hipótesis acerca de su absoluta dependencia de este líder carismático lo hace vulnerable, pues en su eventual ausencia se desmoronaría. Esos supuestos, sin embargo, no se están correspondiendo con la actual realidad, porque a medida que se realizan elecciones obtiene sustantivos avances, tal como se observa tras la elección del año en curso pues ensanchó su dominio territorial a 17 entidades. Para 2022 el calendario electoral establece relevo de gobernador en seis entidades federativas: Durango, Aguascalientes, Tamaulipas, Hidalgo, Oaxaca y Quintana Roo, en cuatro de las cuales pudieran engrosar la lista de estados gobernados por Morena, o sea, aumentaría a 21, con todo lo que implica en materia de control político. Este es el escenario enfocado desde la actual perspectiva, y en términos de ciencia política aquel escenario alcanza elevadas probabilidades de convertirse en realidad. Sin embargo, las circunstancias constituyen una de las variables más inestables, difíciles de predecir. El curso de los acontecimientos nos irá marcando la pauta.