Desde Guerrero el presidente López Obrador enumeró tres reformas constitucionales que faltan para “consolidar” a su gobierno: Fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad CFE), incorporar la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), y la reforma electoral.

En su lógica, haciendo fuerte a la CFE no aumentará el precio de la energía eléctrica, y nuevamente embiste a las empresas particulares que solo buscan el lucro, lo cual se pone en duda porque están dedicadas a la generación de energías limpias, más baratas que la de la CFE a base de los contaminantes combustibles fósiles.

Utiliza López Obrador el pírrico argumento de que si la Guardia Nacional se adscribe al ejército no podrá corromperse, y va al meollo de su preocupación, la reforma electoral: “Hay que reducir el costo de las elecciones, porque es mucho lo que cuestan…”, música de fondo contra el INE.

El presidente tiene el poder para intentar esas reformas, sin embargo, aun cumplimentándolas no podría “consolidar” su gobierno, sin atender con efectividad el reto de la delincuencia organizada que día a día gana terreno al Estado Mexicano, fortalecer al Sistema de Salud, que, si bien no funcionaba como en el primer mundo, no lo recibió en ruinas, como gusta en repetir.

Faltan tres años a la administración actual, cualquier balance es parcial, pero como vamos se estima muy difícil alcanzar buenas calificaciones en beneficio del país.