El espectáculo mediático actual en el ámbito de lo político lo protagonizan el gobierno por sus propuestas legislativas y su preocupación por hacer parecer que la epidemia ya está superada, y, por otro lado, la oposición política ocupada en detener la vorágine reformista impulsada por el presidente López Obrador. En ese entramado destaca la actitud adoptada por los dirigentes priistas al dejar en suspenso su posicionamiento respecto a la reforma energética, mientras sus pares de Va por México ya definieron su oposición. ¿Cuáles podrían ser los motivos de ese comportamiento? Se propalan versiones en el sentido de que la estrategia priista radica en aprovechar el escenario para colocarse como el engranaje que el gobierno requiere a fin de lograr su propósito reformista, pero a cambio del “perdón” a los “pecados” de Alejandro Moreno en Campeche y de Rubén Moreira en Coahuila, y estimulados por el exgobernador de Oaxaca, José Murat, cuyo hijo, por cierto, gobierna actualmente aquella entidad y se ha manifestado a favor de la reforma. Este interesante capítulo aún se está escribiendo, pero sus alcances repercutirán en el futuro inmediato del otrora invencible PRI, ahora víctima de dirigentes que lo usan para resolver sus personales circunstancias. Queremos equivocarnos, pero es posible advertir que de no surgir desde el fondo de su militancia fuerzas que eviten la caída priista estaremos asistiendo a su dramático ocaso para entrar a la Historia de este país por la puerta chica.