Camino sembrado de abrojos, es el destino inmediato del Partido Revolucionario Institucional cuya estrecha disyuntiva consiste en reactivarse para emprender su necesaria reconfiguración o mantenerse quieto a la espera del no tardado ocaso.

Pero enfrenta el gran escollo de su otrora presuntuosa nomenclatura, sobre cuyas individualidades pende como espada de Damocles las sombras de la FG, del SAT y de la UIF, motivo por el cual se mantienen en estado quieto.

No quedan muchos cuadros para emprender la gran empresa.

En Veracruz, el escenario no es distinto, pues no se avizora al llanero solitario que ponga a prueba su capacidad de convocatoria y desee convertirse en el líder que el PRI requiere para una eventual resurrección.

En esta entidad ¿Dónde están los cuadros importantes surgidos a la sombra del PRI?

Se sabe de algunos que ya están de salida por razones de tiempo, otros han sido víctimas de sus circunstancias o fueron afectados por el síndrome del chapulineo y emigraron a otras siglas.

Entonces ¿Quién recogerá el reto? No pocos voltean hacia José Yunes Zorrilla, ya por el valor intrínseco de su limpia trayectoria, o, también, porque quedan pocos “pájaros de antaño en los nidos hogaño”, decía Cervantes.