El 17 del mes en curso, el ya de muy deteriorada fama pública, Hugo López Gatell, expresó una más de sus fallidas conjeturas al asegurar que había un “sostenido declive” en contagios y decesos a causa del letal virus.
Pero al día siguiente el “sostenido declive” se derrumbó con el mismo estrépito de aquellas 60 mil defunciones catalogadas como “catastróficas”, en caso de alcanzarlas, porque los registros ascendieron a 249 mil 529 muertes por Covid-19, o sea, 877 decesos más que el día anterior, y adicionalmente 14 mil 814 nuevos contagios.

Quienes dieron crédito al “sostenido declive” como verdad “científica”, se sorprendieron porque para el 20 de agosto el expediente agregó 21 mil 897 nuevos contagios de Covid-19 para aumentar a 252 mil 80 los decesos. Y ayer sábado fueron 20 mil 307 los contagios y 847 defunciones, para un total de 252 mil 927.

Ya teníamos el record del país con mayor número de médicos y paramédicos fallecidos, ahora, para seguir en el pódium, la tasa de fatalidad (que es relación: muertos- por contagiados) nos coloca en primer lugar mundial.

A estas alturas de la pandemia permanece viva la interrogante acerca del rumbo de esta crisis sanitaria en caso de haberse depositado la responsabilidad de combatirla y contenerla en el Consejo Nacional de Salud, en vez de a un “estratega” cuya prioridad parece obedecer más a la consigna política sin aportar seguridad ni confianza a su lamentable desempeño. Pero, culpas son del tiempo.