De “los muertos que vos matáis”, el “huachicol” es uno de ellos. Fue en los inicios de 2019 cuando el gobierno cerró eventualmente ciertos tramos de gasoductos para combatir el robo de combustibles en perforaciones clandestinas de ductos, la medida provocó un serio desabasto, una política pública derivada de aquella escaramuza fue la de comprar pipas para así “disminuir” el huachicoleo, nada parecido a una solución efectiva y perdurable. El 18 de enero de aquel año sucedió la trágica explosión en Tlalhuelilpan, en Hidalgo, murieron 93 personas, y para mitigar los efectos de la desgracia el presidente viajó a aquel lugar a ofrecerles los beneficios de programas sociales implementados por su gobierno con el supuesto de desalentar a los jóvenes de ocuparse en actividades ilícitas, dijo. Pero nada de eso ha dado resultados positivos pues el huchicol sigue en resplandeciente actividad, así lo evidencia la explosión de un ducto de gas LP por toma clandestina, en San Pablo Xochimehuacán, en la capital poblana, con saldo de un muerto, 17 personas lesionadas y 54 casas seriamente dañadas. El Huachicoleo es uno de los expedientes que según el gobierno se han ido resolviendo, sin embargo, el reporte de sucesivas explosiones revela todo lo contrario. Es preocupante porque, como en otras grandes concentraciones humanas, la ciudad de Puebla es atravesada por una enmarañada red de ductos, y ya podemos imaginar la grave preocupación de la Guardia Nacional y grupos de Protección Civil para evitar que lo ahora acontecido se repita.