En realidad, si bien el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) nace como partido en 2014, su experiencia en las lides electorales viene desde su ancestro, el Frente Democrático Nacional (FDN) y de quienes encabezaron la Corriente Democrática en 1987 al interior del PRI. Incluso sus actuales postulados: el proyecto nacionalista, la desaparición del PRI, las luchas contra el modelo económico neoliberal que suplantaba al estado de bienestar vienen de aquel entonces, la recordada pugna entre “políticos” y “tecnócratas” que data a partir de 1982.

La decena de los años noventa del siglo XX, años de la transición a la democracia, fue escenario en donde el PAN y el PRD fundaron sus estrategias, diferentes y divergentes, porque mientras el PAN adoptó el camino de la negociación con el PRI-gobierno de Salinas, el PRD siguió el camino de la intransigencia antipriista. Por esa vía el PAN ganó Baja California, Chihuahua, Yucatán, antes que el PRD conquistara el gobierno del Distrito Federal, en 1997, y en 1999 el gobierno de Zacatecas con otro ex priista, Ricardo Monreal. Del PRD también es la experiencia sufrida en 2006, cuando siendo candidato López Obrador a la presidencia no aceptó la alianza ofrecida por la señora Gordillo y su sindicato, al igual que otras fuerzas que le ofrecieron apoyo, y perdió.

En cambio, gracias a esos antecedentes históricos MORENA aprendió y en 2018 aglutinó en su Movimiento a todo aquel que postulara su lucha antisistema y ganó la presidencia. Solo que ahora, le cuesta trabajo deshacerse de esos “apoyos desinteresados”, de allí sus conflictos internos y el esfuerzo por cuidar que ni el Verde ni el PT salgan de su control.