Desde la perspectiva de su elevado encargo, el presidente López Obrador tiene oportunidad para diseñar un diagnóstico acertado respecto al escenario nacional, y la información a su alcance le permite adelantar que en 2023 dicho entorno “estará muy caliente”. Por lo observado, le asiste la razón porque las fuerzas políticas y sociales en pugna están adoptando sus respectivas posiciones: desde el gobierno para consolidar los cambios en la lógica de su proyecto, y desde la oposición para defender lo que consideran debiera ser el rumbo correcto del país. Por otro lado, el brazo electoral del gobierno, Morena, trabaja para agrandar en 2022 el territorio gobernado obteniendo más gubernaturas, y la oposición se agrupa en Va por México para conservar lo poco que le queda y establecer los lineamientos de su estrategia política y electoral. En ese panorama, un factor de no menor importancia es el empresariado, cuyo divorcio del poder, después de una efímera luna de miel, ha adoptado actitudes prudentemente conciliadoras, pero las continuas alusiones nada cordiales desde el poder público – “a robar a otra parte”, por ejemplo- ahora que se discute la renovada reforma energética se ha manifestado inconforme y solicita se “aborde el tema con responsabilidad y apego a la verdad”, tal, dicen, “impediría el uso doloso de información incompleta”, así se oye desde el Consejo Coordinador Empresarial. Y, como dijera el clásico: “aún hay más”, porque la temperatura amenaza con seguir subiendo.