«…Vivir es aprender para ignorar menos; es amar, para vincularnos a una mayor parte de la humanidad; es admirar, para compartir las excelencias de la naturaleza y de los hombres, es un esfuerzo por mejorarse, un incesante afàn de elevaciòn hacia ideales definidos…Muchos nacen: pocos viven…».

«Las existencias vegetativas no tienen biografía: en la historia de su sociedad sólo vive el que deja rastros en las cosas o en los espíritus. La vida vale por el uso que de ella hacemos, por las obras que realizamos. No ha vivido más el que cuenta más años; sino el que ha sentido mejor un ideal; las canas denuncian la vejez, pero no dice cùanta juventud la precediò. La medida social del hombre està en la duraciòn de sus obras: la inmortalidad es el privilegio de quienes las hacen sobrevivientes a los siglos, y por ellas se mide.» Eso dice, y acaso tiene razón, José Ingenieros, en su libro “El Hombre Mediocre”. Todo con medida, nada con excesos.

“El que crea sin cesar los mundos, es triple. Es el Brahama, el padre; él es Maya, la madre; él es Vishnu, el hijo: esencia, sustancia y vida. Cada uno contiene a los otros dos, y los tres son uno en lo inefable.» Dice la Doctrina Brahmánica, en Upanishads.