Según el discurso presidencial ya “se acabó la “pesadilla del neoliberalismo”, ese que “empobreció” al país. Pero, entonces ¿Qué modelo económico se implementará? Porque la estructura de nuestra economía gira en torno de relaciones comerciales abiertas y recibe los impactos favorables o no de nuestra relación globalizada con otras economías del planeta. ¿Acaso regresamos al modelo económico de economía mixta, cerrada a toda influencia del exterior? Esto último es prácticamente imposible hacerlo sin revertir los avances logrados hasta ahora y convertirnos en una de las economías más fuertes del planeta, tal y como la recibió en 2018 el actual gobierno. Es cierto, que el crecimiento económico del país no ha aumentado del 2 por ciento anual en los últimos años, también que las políticas públicas implementadas por gobiernos previos al de la CuartaT no han permeado bienestar a gran parte de la población mexicana, pero hasta ahora no ha habido modelo económico que lo alcance al cien por ciento. Es cierto, como dice el presidente, que anteriormente se acrecentaron la pobreza y las desigualdades, pero ese fenómeno aumentó incluso en el actual gobierno, pues es mayor ahora el número de mexicanos en pobreza que hace en 2018. Nadie se opone al esfuerzo del presidente por intentar redistribuir la riqueza en México, la pregunta estriba en saber si la forma en cómo lo hace es la más conveniente. Porque ahora mismo, en Cuba, después de más de medio siglo de socialismo, de economía cerrada con control estatal, se está autorizando la creación de 32 empresas privadas “que pueden ya proceder a su constitución como personas jurídicas para ejercer sus actividades económicas». Entonces ¿Camina Cuba hacia el “neoliberalismo económico cuando nosotros quizás vayamos en reversa? Obviamente no es así, porque una estructura económica como la prevaleciente en nuestro país no es posible transformarla en tres o seis años, aunque, obviamente, debiera preocuparnos saber qué es lo más conveniente.