Para llegar a la actual instancia de evolución política ha costado mucho esfuerzo y dinero, incluyendo la grave experiencia de un partido hegemónico y un presidencialismo autoritario. Fue hasta el finalizar el siglo XX cuando se dieron auténticos avances en la transición democrática; en las diferentes etapas participó con gran protagonismo el PRI, el PAN con terquedad oposicionista ejemplar y el PRD como un partido emergente que a la vez de empujar hacia las reformas electorales sirvió de acicate para que el PAN tomara conciencia de que ya no estaba solo en la oposición y debía acelerar y cambiar de estrategia para evitar “le comieran el mandado”. En 1989 se rompió el rosario de las gubernaturas cuando el PAN ganó Baja California, después vinieron Guanajuato, Aguascalientes, Chihuahua, Sonora, Querétaro, Jalisco, Nuevo León. El PRD ganó Michoacán, el Distrito Federal, Zacatecas y Tlaxcala. Así terminó el siglo XX. El siglo XXI dio a luz la primera alternancia en la presidencia, cuando el PAN le ganó al PRI. A 21 años del presente siglo, no gobiernan ni el PRI, ni el PAN, ni el PRD, sino MORENA, nacido apenas en 2014, el PRD renovado y perfeccionado hizo realidad lo proyectado en 1989. ¿Logrará ahora aquel propósito perredista de desaparecer del escenario nacional al PRI? En esas anda el presidente al tirar piedras al interior del PRI con la invitación a Quirino Ordaz y otras señales de ondas expansivas.