Está fuera de toda discusión la importancia inherente a nuestra historia como país que tiene nuestra relación con España, “la madre patria”, como durante siglos solíamos decir en México, por ese motivo y por la intensa relación política, turística, cultural, comercial y económica entre ambas naciones llama la atención el anuncio presidencial acerca del nombramiento de Quirino Ordaz Coppel como embajador en España para que “se restablezcan por completo y en muy buenos términos las relaciones con España, que son de todo tipo, principalmente de amistad con el pueblo español”.

Ya Ebrard se encargará de “suavizar” diplomáticamente esa narrativa acerca de la “soberbia” de España por no ofrecer disculpas “por los abusos cometidos durante la conquista y la colonia” de la narrativa discursiva del presidente López Obrador, que no ha llegado al extremo de Luis Echeverría de romper relaciones con aquel país. Pero en el tema aldeano ¿por qué un “priista” para esa embajada? Sin demérito de los antecedentes priistas de López Obrador, no debe olvidarse su exitosa estrategia de cuando fue dirigente perredista al invitar a priistas inconformes por no ganar una candidatura priista para ser candidatos a cargos de elección popular por el PRD, Monreal en Zacatecas, y Alfonso Sánchez Anaya, en Tlaxcala, ambos en 1999, y ganaron la elección.

Ahora invita a Quirino Ordaz, se habla que también lo hará con la gobernadora priista de Sonora para otra embajada. Antaño, ese tipo de invitación se interpretaba como un virtual destierro, especulaciones podría haber en ese sentido y otra más se añadiría: como una piedra lanzada al corral priista para sembrar la discordia y de esa manera cumplir el viejo sueño perredista: “para que haya democracia en México el PRI debe desaparecer del escenario nacional”, tal como fue su estrategia en los primeros años del nacimiento del PRD en 1989 con su “intransigencia democrática” contra Salinas de Gortari. Pero esa es otra historia.