Aun en medio de la incertidumbre de vida que propicia la todavía vigente y cruel pandemia, mientras quienes definen la estrategia para combatirla priorizan los intereses políticos y privilegian la estabilidad económica sobre la protección a la comunidad, al interior de nuestro contexto social casi de manera sigilosa avanza la recolección de firmas para juntar las poco más de dos millones 800 mil requeridas para solventar el requisito de ley pasando por el filtro de comprobación en el INE. Como sea, el proceso se llevará a cabo porque constituye una de las bases para la plataforma de relanzamiento del actual gobierno y así fortalecer la campaña hacia la sucesión presidencial. Si acaso un número abultado de firmas no obtiene la acreditación del INE, haya sido como haya sido, la consulta revocatoria de cualquier manera se realizará el 10 de abril del año venidero. Ni duda cabe. Lo que pudiera ponerse en tela de duda es la probabilidad de alcanzar los poco más de 37 millones de votos, nada improbable viendo las dificultades que se tiene para juntar el número de firmas pese al enorme ejército de participantes en esa tarea recolectora. Sin embargo, sin ánimo de parecer un agorero de plaza pública, se recluten o no los votos necesarios para hacer vinculatorio el resultado, ni duda cabe que este se inclinará por la continuación de AMLO en la presidencia, que tal es la meta para presumirla como un mandato popular para la continuidad de la CuartaT. No es vaticinio, es deducción lógica.