El refrán que encabeza estas líneas, expresa una gran verdad, nada raro porque como casi todos los proverbios encierran sabiduría popular. Este aforismo viene a cuento al revisar la integración del senado de la república en tiempos del presidente Gustavo Díaz Ordaz, nutrido de personajes de la vida política nacional no exentos de defectos, por supuesto, pero sin duda con un patrimonio de experiencias con cuyo reconocimiento ganaron lugar en aquellas legislaturas de 1964-1970 al servicio de uno de los presidentes más cultos, austeros y recatados que ha tenido México. Debe entenderse también que marca la culminación de una etapa política y el inicio de otra en nuestro sistema Político. Los siguientes son algunos de aquellos senadores: el líder nacional del sindicato ferrocarrilero, Luís Gómez Zepeda, y Napoleón Gómez Sada, líder nacional del sindicato de Mineros, Jesús Yunen Aguilar, uno de los fundadores de la CTM; Jesús Robles Martínez, líder nacional de la FETSE; Manuel Sánchez Vite, del SNTE, Rafael Galván, dirigente del sindicato de la Comisión de Luy del Centro. Los diputados constituyentes de 1917, Juan de Dios Bojórquez, Alberto Terrones Benítez y Jesús Romero Flores. Alicia Arellano Tapia y María Lavalle Urbina, la primera, madre de la ex gobernadora de Sonora, una excelsa jurista la segunda, ambas primeras senadoras en México. Luis L. León, uno de los fundadores del PNR, gran amigo de Plutarco Elías Calles; Ezequiel Padilla Peñaloza, ex secretario de Relaciones con Ávila Camacho, y quien disputara la presidencia de México con Miguel Alemán Valdés en 1946; Eulalio Gutiérrez Treviño, hijo del expresidente de la Convención de Aguascalientes y después gobernador de Coahuila; Andrés Serra Rojas, distinguido Jurista chiapaneco, Secretario del Trabajo con López Mateos; Manuel Tello Barraud, Secretario de Relaciones con López Mateos; y una serie de políticos que más tarde se convirtieron en gobernadores: Baja California, Hermenegildo Cuenca Díaz, sería Secretario de la Defensa con Echeverría, y murió siendo candidato del PRI al gobierno de Baja California; Carlos Sansores Pérez, después gobernador de Campeche y presidente del PRI; Carlos Loret de Mola, sería gobernador de Yucatán; Gonzalo Bautista O¨Farril, gobernaría Puebla; Rodolfo Sandoval, Oaxaca; Eduardo Luque Loyola, de Querétaro; Manuel Bernardo Aguirre, el de la famosa frase “ni bueno ni malo, más bien todo lo contrario”, de Chihuahua; Manuel Moreno Moreno, de Guanajuato; Baltazar Leyva Mancilla, Guerrero; Ignacio Bonilla y Luciano Huerta, Tlaxcala; y, por supuesto, de Veracruz, Arturo Llorente González y Rafael Murillo Vidal, uno de los mejores gobernadores del estado de Veracruz, según el record de sus acciones en bien de la entidad. Cualquier comparación con la actualidad, sería pura discrepancia. Aunque objetivamente debe reconocerse la diferencia de circunstancias: en aquel entonces era al presidente a quien correspondía seleccionar y “palomear” la lista de candidatos al senado, se trataba de una especie de oligarquía en la cual, como en la Grecia Clásica, se escogía a los mejores y más aptos; ahora aspiramos a perfeccionar nuestra democracia y prevalece la dictadura del número porque gana quien tiene más votos emitidos por el “pueblo”.