De pésimo gusto es la declaración de Manuel Huerta recogida en el reportaje de Ángel Saldaña, de alcalorpolitico.com: “hay quienes piensan que por aplicarse la vacuna anti Covid-19 de la farmacéutica Pfizer se van a volver gringos… cuando en realidad seguirán comiendo frijoles y tortilla”, en clara referencia a miembros del magisterio que ya vacunados con la vacuna CanSino buscaron la oportunidad de inmunizarse con la de Pfizer, opción esa que corresponde al libre arbitrio de quienes así lo hicieron.

Corresponde a los aludidos la debida respuesta, pero Huerta adjunta en esa declaración la solicitud a los medios para no contribuir a la desinformación, pues se peca de “racismo”, ya que tan efectiva es la vacuna de Pfizer como la CanSino, dijo.

Pero ese asunto no es cuestión de “racismo” ni desinformación, sino desconfianza, y la dosis para combatirla debe inducirse desde la esfera gubernamental.

Porque, a propósito de desinformación, el propio Huerta incurre en ella cuando afirma que en los Estados Unidos “toda la política de salud fue privada y aquí no”, lo cual es inexacto porque la campaña de vacunación en aquel país también la patrocina, como aquí, el gobierno.

Y ya encarrilado en su galimatías declarativo, Huerta acudió a su buen sentido del humor: “Para entrar en Estados Unidos te hacen una prueba del PCR, si tienes Covid no te dejan entrar, tengas vacuna o no, si no tienes Covid te dejan entrar en Estados Unidos…”.  No, pos sí.