Desde su virtual exilio político Ricardo Anaya se dedica a bombardear mediáticamente al presidente López Obrador en su intento por demostrar su inocencia y que es un perseguido político.

Este día ya hay en Michoacán un nuevo gobernador, Alfredo Ramírez Bedolla, en relevo de Silvano Aureoles, quien le hereda una entidad ahogada por la violencia y una aureola de sospecha porque públicamente refirió acerca de la intervención del crimen organizado en el proceso electoral.

Apenas celebrada la elección en junio pasado, “expediente” en mano, Silvano Aureoles se plantó frente al Palacio Nacional intentando ser recibido por el presidente para entregarle pruebas de aquel su dicho, no fue atendido. Incluso fue a la OEA en donde entregó “las pruebas” de la susodicha intervención.

Entonces se deslizó la idea de que Aureoles estaba pavimentando el camino para huir de México y declararse perseguido político, pues se presume que su administración será objeto de investigaciones a fondo y algo podrían encontrar.

Son por el momento meras elucubraciones, el desarrollo de los acontecimientos lo pondrá en claro.

Pero, es pregunta, ¿Qué efectos provocaría en la opinión pública nacional el que desde fuera de México dos políticos mexicanos, militantes de partidos de oposición e incluso ideológicamente contrapuestos, y como ahora lo hace Anaya, Silvano Aureoles hiciera sinergia en la estrategia anti AMLO?

Pronto podremos comprobar si todo queda en simple especulación.