En premonitoria ocasión, el expresidente José López Portillo se autodefinió como “el último presidente de la Revolución”, con lo cual aludía a los cambios producidos en su partido, el PRI, y el rumbo del país direccionado hacia el neoliberalismo: “México “va a contrapelo de nuestros antecedentes revolucionarios”, decía, haciendo referencia a las reformas constitucionales (como las del artículo 27) y a la orientación económica afiliada más tarde en el Tratado de Libre Comercio, que era como poner en práctica la Doctrina Monroe “América para los americanos; así lo expresó en entrevista concedida a Elías Chávez, publicada en la revista Proceso en su edición 836, del 9 de noviembre de 1992. Para ese entonces ya era historia reciente la ruptura política en el PRI, cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en 1987 encabezaron la Corriente Democrática, debido a lo cual terminaron saliendo de ese partido para más tarde formar el Partido de la Revolución Democrática en mayo de 1989. Fue aquella la célebre disputa por el poder político en el seno priista entre “políticos” y los “tecnócratas”, cuando gracias a López Portillo precisamente en noviembre de 1981 decidió su sucesión a favor de Miguel de la Madrid (dejando, quien gobernó de 1982 a 1988, iniciando la era del llamado neoliberalismo económico continuado por Salinas de Gortari (1988-1994) y Ernesto Zedillo (1994-2000), con quien concluyó la hegemonía priista. En esos gobiernos está la raíz del neoliberalismo, al que ahora combate con singular denuedo el presidente López Obrador, acompañado, entre otros por Manuel Bartlett, a quien De la Madrid hizo a un lado para favorecer a Salinas. La juventud política de estos tiempos estaba naciendo a la vida en el periodo referido, por lo mismo las narraciones de este tipo son acontecimientos históricos y pocos detalles encontrará de aquel interesante episodio, de los intensos debates entre “políticos” y “tecnócratas”, de la evolución priista hacia una geometría diferente, contrastante con las raíces del PRI. Conocerlas serviría para comprender la ideología que anima al actual presidente de México. Y nada como eso para entender porqué sucede lo que acontece.