Por sus dichos y sus acciones a lo largo de estos casi tres años de gobierno, la administración de la denominada Cuartaté se ha mostrado más como una entidad pública encargada de investigar e informar su evaluación en retrospectiva respecto a los gobiernos precedentes que como una gestión pública encargada de resolver, o al menos intentarlo, los problemas ingentes de la población mexicana. Tal es la apreciación si se juzga a partir del discurso cotidiano cuyo tema central estriba en destacar los hechos del pasado como lo peor en política, en demérito de haberse construido una economía de las más fuertes del orbe y la instalación de instituciones que se habían venido creando para estructurarnos como un país moderno. Esta reflexión deviene de la propuesta presidencial de crear una hemeroteca “o archivo de toda la podredumbre… de todo lo sucedido con la guerra sucia… lo que hay desde 1968 hasta la fecha”. Todo quedaría bien si en paralelo se advirtieran inversiones para el crecimiento, generación de empleos para una población económicamente activa que se incorpora anualmente al mercado laboral, y no la percepción de quienes invierten sobre que México es un país de alto riesgo. Así no caminaremos hacia adelante, menos si seguimos viendo por el espejo retrovisor sin la vista fija hacia un mejor futuro.