La figura de la Revocación de Mandato destaca entre los mecanismos más destacados de una democracia participativa, junto al referéndum vinculante, el plebiscito y la rendición transparente de las cuentas configuran el perfeccionamiento de la democracia, de las relaciones políticas entre el ciudadano y sus mandatarios. La solicitud de Revocación de Mandato parte desde la ciudadanía u organizaciones civiles y partidos políticos inconformes con la conducción de la cosa pública, por lo cual retiran la confianza al gobernante en turno y convocan a su reemplazo. Aquí en México se está alterando esa fórmula a causa del procediendo para implementar dicho proceso, pues la solicitud está partiendo del mismo gobierno, se promueve desde el partido en el gobierno y hasta el propio presidente invita a participar en la consulta, esa sui géneris metodología, de concretarse, traerá como consecuencia una revocación de mandato como mandada a hacer, pues si la promueve el gobierno y no el órgano facultado para hacerlo, obviamente el resultado será el de la continuación en el cargo de su actual titular, el presidente López Obrador, quien por lo demás aún conserva un elevado consenso a su favor. Sin embargo, por ese singular procedimiento, el proceso de consulta será cualquier cosa, menos un testimonio ejemplar de revocación de mandato.