La crisis sanitaria provocada por la pandemia a raíz del Covid19 y el confinamiento bajo la promoción de “Quédate en Casa” propició que las autoridades educativas desde el ámbito Federal como Estatal, plantearan las actividades para el proceso de enseñanza-aprendizaje en modalidades a distancia, lo que originó el replanteamiento de las didácticas desde los niveles básicos hasta superior. En este sentido, los docentes se toparon con la brecha digital y de conectividad, ya que no todos los estudiantes cuentan con las condiciones tecnológicas necesarias para realizar el trabajo a distancia. En estudios recientes señalan que de cada 10 hogares al menos unos 44,3 % cuentan con computadora en casa y 70,1% con acceso a Internet (López y Rodríguez, 2020).

Sin embargo, lo anterior no fue impedimento para que la interacción docente/alumno se llevará a cabo al menos por medio del celular a través de “WhatsApp” y que sin lugar a duda este mecanismo solo permite el intercambio de mensajes, tomando en cuenta que en algunos hogares el equipo de cómputo es compartido entre los miembros de la familia por lo que los alumnos dedican mayor tiempo en la resolución de las actividades. En pláticas con colegas que en estos momentos imparten docencia a distancia, señalan que invierten mayor tiempo en la preparación de sus sesiones virtuales y que no todos sus estudiantes tienen las condiciones tecnológicas para asistir.

Por una parte, es notorio los esfuerzos por parte de los docentes para la interacción sincrónica a través de videoconferencias a través de aplicaciones como “Zoom”, “Skype” o bien la interacción asincrónica mediante plataformas como “google classroom”, “Moodle”, “Edmodo” por citar algunos. Pero por el lado de los estudiantes habrá que poner en la mesa los esfuerzos realizados para atender las didácticas planteadas por los docentes, en el contexto de que la brecha digital es notoria en los hogares mexicanos.

A manera de reflexión, está crisis sanitaria ha puesto en evidencia la brecha digital por la que atraviesan miles de hogares en la que la precariedad económica merma la adquisición de tecnología y conectividad aunado a los lugares en donde no llega la señal del Internet y mucho menos la cobertura de la telefonía móvil. Ante el panorama de que en algún momento se llegará a la normalidad, también habrá que replantearse las didácticas educativas, no se puede echar en saco roto que esta pandemia obligó a toda la población a confinarse y utilizar los dispositivos móviles para la comunicación a distancia como el “home office” o la educación a distancia. Por lo que aún falta mucho camino por recorrer para que el país tenga una cobertura del 100% en el ámbito de las telecomunicaciones, independientemente si la infraestructura es pública o privada. Aunado a ello, la adquisición de los equipos móviles (Smartphone, tablets o laptops) que deberá de ser accesible al bolsillo de todos los mexicanos.

Finalmente, una vez que volvamos a la normalidad, habrá que esperar sí la mediación pedagógica será mediada con la tecnología y los efectos secundarios que traerá consigo, cómo la capacitación a los actores inmersos en los procesos educativos para contrarrestar no solo la brecha digital, sino la cognitiva ya que resulta aventurado indicar que el proceso actual de enseñanza/aprendizaje se está completando, dado que en la mayoría de los casos lo que hacen los estudiantes es la resolución de actividades.

Dr. José Luis Soto Ortiz

Investigador de la Universidad Pedagógica Veracruzana