Hong Kong. 16 de marzo del 2020.- En momentos en que un brote de COVID-19 está agobiando a Hong Kong, sus 7,4 millones de habitantes se preguntan qué vendrá.

Reina la incertidumbre en la ciudad. Los productos están desapareciendo de las tiendas, las empresas chinas están construyendo amplios centros de diagnóstico y aislamiento y el gobierno ha enviado señales ambivalentes sobre si ordenará un confinamiento colectivo para un programa de pruebas.

Las restricciones pandémicas han desinflado a esta ciudad cosmopolita célebre por sus letreros de neón y nutridas multitudes. La restricción más reciente, anunciada el miércoles, abarca las playas públicas. El sistema de salud está abrumado y muchos enfermos tienen que valerse por su cuenta. Y el saldo de muertes, particularmente entre la población de edad avanzada, sigue subiendo.

“Es una situación desesperante”, lamentó Wong Wing-tsang, una madre soltera que estuvo días tratando de conseguirle una cita médica a su hija de 10 años, que dio positivo. “Solo podemos depender en nosotros mismos”.

Tras lograr mantener a raya al virus por casi dos años, Hong Kong está sufriendo un brote causado por la contagiosa variante ómicron. El contagio se ha esparcido tan ampliamente que no hay suficientes conductores para el sistema de autobuses y trenes subterráneos, y muchas tiendas han tenido que cerrar por falta de trabajadores.

China ha enviado expertos, médicos y equipos de construcción, ampliando la capacidad de lidiar con la crisis pero también despertando temores de que Hong Kong aplicará las duras restricciones implementadas por el gobierno central, como confinamientos obligatorios para ciudades enteras.

Los habitantes ansiosos han estado comprando gran cantidad de productos básicos, mientras el gobierno da señales contradictorias sobre si aplicará tests a toda la población o sobre si ordenará un confinamiento total. Los casos del virus se han extendido tanto entre los camioneros que quedaron interrumpidos los envíos de carnes y vegetales, despertando temores de escasez.

“Sinceramente, creo que el gobierno cambia de opinión tanto que a los habitantes se nos hace difícil planificar”, comentó Alison Hui, una habitante de Hong Kong.

“Nunca sabemos si un anuncio es verdad o no. Realmente causa mucha preocupación”, añadió.