Como cada año, el 28 de diciembre se celebra el día de los Inocentes, una fecha en la que se hacen bromas al por mayor y en la cual no puedes confiar ni en tu sombra, como dicen por ahí “inocente palomita que te dejaste engañar”; pero, más allá de eso, el Día de los Inocentes se originó hace muchísimo tiempo, y no, no fue con los nativos americanos, como les enseñaron en Los Simpsons.

Originalmente, durante este día, la iglesia católica conmemoraba a la matanza de todos los pequeños menores de 2 años ordenada por Herodes (rey de Judea) al enterarse que había nacido el Mesías, solo 3 días antes, narrada en el evangelio de San Mateo.

Todo el mundo rememoraba la misma fiesta el mismo día, hasta el siglo XVI, cuando el mundo se encontraba a punto de cambiar su calendario, hasta ese entonces, Europa se regía por el calendario juliano, pero el Papa Gregorio XIII adoptó el calendario gregoriano. Esto significó, que a partir de 1582, el día de Año Nuevo fue movido de fines de marzo, al 1 de enero.

Aunque el cambio se publicitó ampliamente con los medios limitados de aquella época, muchos no se enteraron. De ahí que surgió en el mundo anglosajón, la tradición de burlarse de quienes seguían celebrando el Año Nuevo 3 meses después de la nueva fecha.

Así, con el paso del tiempo, la tradición protestante fue quitándole el aspecto trágico a la fecha hasta convertirse en el April Fools’ Day, o “Día de los Tontos” (también traducido como “Día de los Inocentes”).

La tradición de hacer bromas en esta fecha proviene de la Antigua Roma. El espíritu de la ‘Saturnalia’, la gran fiesta de invierno de los romanos, era propiciar la felicidad, la risa y la jocosidad, por lo que las bromas adquirían un significado singular.