México. 24 de marzo del 2021.- Este día con autoridades militares, la presidenta de CNDH Rosario Piedra, el Subsrio. Alejandro Encinas  inauguraron el Programa de Capacitación SDN-CNDH “2021”, para fortalecer la preparación del personal militar en materia de DDHH y DIH;

El respeto a los derechos humanos dignifica la vida pública y sus instituciones.

Capacitar a nuestras fuerzas armadas, con instrumentos con los que hoy se inicia, sin lugar a dudas va a permitir que todas las fuerzas de seguridad en nuestro país, cuenten con los elementos suficientes, basados, en estándares internacionales, para que puedan conducir su desempeño con respeto a la dignidad humana, la igualdad y la no discriminación, como elementos esenciales del servicio de defensa a la nación.

Este convenio es un ejemplo de los esfuerzos de coordinación interinstitucional para seguir avanzando en la transformación del país, contribuyendo a garantizar un país más seguro y justo, dignificando la labor de las Fuerzas Armadas a través del respeto de la ley ya los derechos humanos a fin de garantizar la paz y la seguridad en México.

La profesionalización de las fuerzas armadas nos acerca a la prevención y erradicación de prácticas ilícitas, que debemos reconocer, se cometieron en distintos momentos de la historia de nuestro país: la tortura, los tratos crueles o denigrantes, la ejecución extrajudicial o la desaparición forzada, fueron prácticas que hoy, están tipificadas como delitos y violaciones graves a los derechos de las personas.

Todos los servidores públicos y las autoridades de los distintos órdenes de gobierno, debemos saber que no debemos atentar contra la integridad de las personas, ni infligir maltrato o tortura física o psicológica.

Porque no importa la condición social, la edad, género o pertenencia étnica; todas las personas, sin excepción somos sujetos de derechos y el Estado tiene la obligación de respetar y proteger los derechos humanos de todas las personas.

Junto a ello, y con este programa de capacitación, es fundamental trabajar en la consolidación de mecanismos de transparencia, fiscalización y rendición de cuentas que garantizan la observación de estas normas y de estos derechos.

Esto implica generar también espacios de comunicación y diálogo entre las instituciones públicas y con la sociedad para impulsar procesos de aprendizaje e intercambio de experiencias formativas que permitan a las Fuerzas Armadas estar al día con los avances y retos en materia de derechos humanos.

Ahora bien, la política de seguridad emprendida durante la llamada “Guerra contra el narco”, al igual que sucedió en años anteriores cuando se obligó a las fuerzas armadas a asumir tareas que competen a la autoridad civil,  tuvo como consecuencia una grave crisis de derechos humanos que dañó profundamente a la sociedad mexicana, especialmente a las poblaciones históricamente marginadas.

El uso de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad, sin un marco jurídico adecuado generó vulnerabilidad en las propias fuerzas armadas y los llevaron a  cometer violaciones de derechos humanos, que dejaron grandes heridas en la historia reciente de nuestro país.

En los últimos años se creó también una falsa percepción de que los derechos humanos son para proteger a los “delincuentes”. Nada más falso y  equívoco. Por el contrario, los derechos nos protegen a todas y todos, incluidos a las y los integrantes de nuestras fuerzas armadas.

Debemos entender que la lucha por el reconocimiento y garantía de los Derechos Humanos y la lucha por la igualdad y la justicia social, ha sido resultado de un largo proceso histórico en el que ha estado presente la reivindicación de las libertades políticas y los derechos civiles de los grupos más vulnerable y excluidos de nuestras sociedades.

Este no es un asunto menor, es el resultado de la lucha durante siglos para enfrentar la desigualdad y los abusos de nuestras sociedades

El origen del concepto de derechos humanos está estrechamente ligado con la lucha por la igualdad entre personas, la justicia y el bienestar social. En una apuesta por una sociedad más justa y equitativa.

Sus antecedentes se remontan a momentos de la historia en los que se luchó por denunciar y eliminar relaciones de opresión.

Desde Ciro el Grande, cuando conquista Babilonia en el año 539 A.C. y libera a todas las personas esclavas y proclama la libertad religiosa; hasta la Revolución Francesa de 1789 declara que todas las personas somos iguales y tenemos derecho a la vida y a la libertad, bajo los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

En México, estas ideas fueron la base para desafiar a la Corona española que aseguraba que las personas indígenas no tenían alma; e inspiraron a José María Morelos y Pavón a escribir en 1813 “Los Sentimientos de la Nación” que podemos considerar la primara carta de derechos de nuestro país, donde visionaba un proyecto de Nación donde, tomaron también las causas de Don Miguel Hidalgo y Costilla en las que “se proscribe la esclavitud y la distinción de castas para siempre y todos queden iguales”.

Después de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1945 compila los principios de libertad, no discriminación y el derecho a una vida digna, así como la obligación en común que tienen los distintos países para proteger, promover y respetar estos derechos fundamentales con los que nacen todas las personas. Fue la respuesta a las atrocidades del genocidio, no solamente al holocausto contra la comunidad judía, sino a la persecución a homosexuales, a socialistas muchos países del mundo.

En 1969, tras los movimientos contraculturales de los que emergen la lucha por la paz en Vietnam, el movimiento feminista y la lucha contra los gobiernos autoritarios, se firma la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que brinda herramientas para avanzar en la protección de grupos históricamente marginados en las Américas, incluida México, y más adelante la confrontación contra las dictaduras en el sur de nuestro continente.

Contrario a lo que ideas conservadoras esgrimen, los sistemas de protección de derechos humanos no debilitan al Estado, sino que fortalecen sus instituciones. Son parte de un avance democrático de una sociedad que se traduce en una mejor relación entre el gobierno y sus gobernados.

Un ejemplo de ello, es, precisamente, la creación en México de una Defensoría del Pueblo, la Comisión Nacional de Derechos Humanos en 1990, organismo autónomo con el que hoy trabajamos de la mano para una política de seguridad integral.

Al igual que la reforma constitucional del 2011, unas de las reformas  más importante de nuestra Carta magna, establece en el artículo primero constitucional, los derechos humanos, como resultado de la lucha de muchas generaciones por buscar el ejercicio pleno de sus derechos y libertades en nuestro país

Así el Constituyente puso a los derechos humanos en el centro de nuestra Constitución, estableció el concepto amplio o incluyente de personas otorgando jerarquía constitucional a los derechos humanos contemplados en tratados internacionales firmados y ratificados por México; e incluyendo también principios como la interpretación conforme, el control difuso de constitucionalidad y el principio pro homine.

A partir de esta reforma, los derechos humanos se asumen como la obligación que tiene toda autoridad en el marco de sus competencias, incluyendo a nuestras fuerzas armadas, de promover, garantizar, respetar y proteger los derechos humanos. Obligaciones que deben cumplirse conforme a los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad.

La construcción de paz en nuestro país, nos exige una política de seguridad y defensa que coloque en el centro de las actuaciones de los órdenes de gobierno el respeto a la vida, la dignidad humana y la legalidad.

Desde la secretaria de Gobernación, atendiendo el mandato del Presidente de la República, trabajamos de la mano con la secretaría de la Defensa nacional y otras instituciones públicas y organismos de la sociedad civil, para hacer de los derechos humanos, una política de Estado.

No es un asunto coyuntural, es un asunto de las grandes transformaciones estructurales que ha planteado el presidente de la república y que incluso a señalado que la secretaria de Gobernación debe ser la secretaria de los derechos humanos. Más aun , ante la compleja realidad que vive el país debemos estar todas y todos a la altura de las circunstancias y responder a las demandas del pueblo. El pueblo pide paz, seguridad y justicia y que esto se cristalice a través de servidores públicos y Fuerzas Armadas que reflejen honestidad, respeto y confianza. Transmitamos estos valores respetando la ley y los derechos de todas las personas a todas los integrantes  de las fuerzas armadas del ejército y de la fuerza aérea.

Cuando hablamos de derechos humanos hablamos del respeto a la dignidad y a la integridad de las personas, lo que nos iguala a todas y todos, sin importar dónde nacimos o a dónde vamos.

Esta capacitación no debemos verla como mera formalidad: se busca proteger y respetar los derechos de las personas, asumiendo esta obligación como  un privilegio que debe estar en el centro de nuestro actuar como servidores públicos. El respeto a los derechos humanos a la integridad y dignidad de las personas son piedras angulares en la construcción del nuevo Estado mexicano.

Violar derechos, es una contradicción a lo que somos y una traición a lo que nos dio origen como 4ta transformación, por eso asumamos que el respeto a los derechos humanos dignifica la vida pública a sus instituciones y queremos que el ejército mexicano, la institución pública más reconocida por la sociedad, que lo siga siendo y tenga cada día el mayor respeto de todas y todos los mexicanos.

Alejandro Encinas