La depresión pasó a ser considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como otra “pandemia silenciosa” y mientras el mundo concentra sus prioridades en controlar el covid-19, la ansiedad y depresión avanza en la población.

Tras las restricciones y un constante estado de alarma y preocupación, cada 13 de enero en el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, el mundo intenta que esa pandemia ya no sea silenciosa.

Ante este trastorno silencioso es tan importante el paciente como los familiares que conviven con la persona, porque además de ser un proceso largo no es fácil, por eso es esencial que el familiar no descuide su bienestar ni salud mental.

Especialistas han determinado que desde el inicio de la pandemia, un 20% de las consultas por atención primaria se debe a depresión y ansiedad, factores como la situación laboral, familiar, económica, han afectado más la estabilidad emocional.

En las campañas para combatir esta enfermedad, surgen diferentes propuestas para contribuir a mejorar los conocimientos sobre ella, para favorecer a su comprensión y reducir el estigma social que aún hay sobre ella.

Entre los objeticos, se busca convertir los mensajes que pueden ser despectivos en propuestas que puedan servir de apoyo para todas las personas que viven con la enfermedad, brindándoles comprensión, empatía y acompañamiento.

En la actualidad se calcula que hay alrededor de 10.000 aplicaciones de salud mental, de las cuales, según datos preliminares de los investigadores, 250 se dedicarían al tratamiento, monitorización y acompañamiento de la depresión.

Sin embargo, cualquier aplicación puede implicar riesgos en cuanto a la seguridad y la protección de datos, pero las aplicaciones del ámbito de salud mental pueden implicar un perjuicio añadido si la intervención que proporcionan no es la adecuada.