Unas 477 ballenas piloto (calderones) murieron varadas en las playas de dos islas remotas de Nueva Zelanda.

El Departamento de Conservación de la nación confirmó que los hechos ocurrieron en el archipiélago Chatman, ubicado a 800 kilómetros al este de las islas principales, después de días atrapadas en la zona.

Ante la tragedia, el director general de la organización Project Jonah, Darren Grover, explicó que su ubicación hizo más difícil cualquier ayuda, pues debido a la lejanía de la zona fue muy complicado reflotar a las que sobrevivieron, hecho al que se suman riesgos comunes de la zona como ataques de tiburón y de otros animales, por lo que éstas murieron de manera natural, aunque algunas fueron sacrificadas.

Además, debido a la ubicación no enterrarán los cadáveres ni los trasladarán al mar, como ocurría antes, pues según Grover se espera su descomposición natural.

 

Especialistas reconocieron que este tipo de escenas son comunes en el verano, aunque hasta el momento no han identificado la causa; algunas teorías apuntan a que en su busca de alimento éstas se adentran tanto en la playa que les es imposible regresar, confunden sus sistemas de localización o simplemente se apartan porque están enfermas y esperan el final de su vida natural.

Sin embargo, pese a que son episodios comunes, el Departamento de Conservación neozelandés señaló que estos hechos “siguen siendo tristes y difíciles para los que ayudan”, de acuerdo con una publicación en su página de Facebook.

La muerte de cientos de ballenas ocurrió a dos semanas de que otras quedaran varadas en la playa de Tasmania, Australia, donde finalmente fallecieron 200 ballenas.