México. 19 de febrero del 2021.-En el desarrollo de un niño, pueden existir problemas de todo tipo, unos más evidentes, como puede ser un retraso en el lenguaje, y otros que pueden pasar más desapercibidos, como los trastornos de procesamiento sensorial, que son aquellos que les impiden integrar adecuadamente las sensaciones externas e internas en el cerebro.

Aunque menos evidente, esta disfunción puede ser muy incapacitante y provocar muchos problemas en el día a día de quienes la padecen, como las personas con autismo.

Para enfrentar estos problemas y ayudarles a sobrellevar estas dificultades, existe lo que se conoce la terapia de integración sensorial. Rocío Lorente, terapeuta ocupacional en Cetea, centro especializado en tratamientos para niños con TEA (trastornos del espectro autista) y TEL (trastornos del lenguaje), nos cuenta en qué consiste esta terapia y en qué aspectos puede mejorar la vida de las personas que padecen este trastorno.

¿Qué es la integración sensorial?
La integración sensorial es un proceso neurológico inconsciente por el cual se integran y organizan todas las sensaciones que experimentamos a través de los sentidos. Si no tenemos ningún problema y este proceso se desarrolla de manera correcta, nuestro cerebro dará una respuesta adaptativa. Esto no ocurre, sin embargo, cuando tenemos una disfunción de la integración sensorial, es decir, cuando “estas sensaciones nos llegan por encima o por debajo de lo que deberían y no somos capaces de dar una respuesta adaptativa”, explica Rocío Lorente.

Así, hay personas que tienen disfunción sensorial con hiper o hipo sensibilidades a determinados sentidos. Al tener estas hiper o hipo sensibilidades reaccionan o bien en exceso o bien en defecto antes determinadas situaciones o estímulos. Esto interfiere mucho en su vida diaria, pues, por ejemplo, una persona con hipersensibilidad al tacto evitará tocar determinadas texturas o ponerte determinadas prendas, una persona con hipersensibilidad al ruido no soportará estar en lugares donde haya mucho ruido o varias conversaciones a la vez, una persona con hipersensibilidad a la luz no se dará cuenta que la hace daño quedarse mirando determinadas luces… En lugar de dar una respuesta adaptativa reaccionan, sobre todo, con conductas disruptivas, como rabietas, hiperactividad, ansiedad, estrés, etc.

A través de la terapia de integración sensorial lo que se persigue es “que modulen esas respuestas, tanto los que les llegan menos sensaciones de las que deberían como a los que les llegan menos. Porque muchas veces vemos niños que no paran, que tienen muchas rabietas… y pensamos que simplemente inquietos, pero ellos lo están pasando mal, y están pasando mucho estrés”.

¿A quién va dirigida la terapia?
El grupo de posibles candidatos a esta terapia es amplio, pero, sin duda, uno de los más beneficiados son los niños con TEA, cuyos problemas de integración sensorial están más que demostrados, “en personas con TEA se utiliza mucho porque son especiales en cuanto a la reactividad sensorial, pues ellos tienen a sentir de otra manera”, afirma Lorente.

“Cuando el mundo te llega de otra manera, como le pasa a los niños con autismo, a su cerebro llegan muchos estímulos que no sirven para nada, pero que no son capaces de inhibir. Por ejemplo, un niño con autismo y que tenga hipersensibilidad al ruido, puede estar en una clase y estar notando todo el rato el sonido de la luz, algo que para la mayoría de nosotros sería imperceptible. Al estar expuestos a ese sonido todo el rato, se saturan, se estresan… y esto provoca que aparezcan conductas disruptivas, rabietas…”.

“En personas con TEA se utiliza mucho porque son especiales en cuanto a la reactividad sensorial, pues ellos tienen a sentir de otra manera”
Sin embargo, quiere dejar claro que, aunque esta terapia es ideal para personas son autismo, no son los únicos que se pueden beneficiar, “hay muchos niños que no tienen autismo y también tienen problemas de dispraxia (problemas de coordinación), y niños, por ejemplo, que son más torpes, que van a playa o al parque y rechazan tocar la arena, andar descalzos, etc.”. Y es que esta disfunción también puede provocar problemas a nivel motor, de coordinación, equilibrio y de conciencia del propio cuerpo.

Algunos de los signos que pueden hacer pensar que estamos ante un problema de integración sensorial son

•Hipersensibilidad al tacto, movimiento, luces o sonidos. Esta hipersensibilidad se puede manifestar con irritabilidad, rechazo a ciertas texturas, comidas, actividades, ropa…

•Hipo reactividad a la estimulación sensorial, que puede provocar la búsqueda de experiencias sensoriales intensas, como dar vueltas, darse golpes adrede…

•Nivel de actividad demasiado alto o bajo. Esto dará como resultado niños que tiene que estar en constante movimiento o que se fatigan muy fácilmente…

•Problemas de coordinación, lo que puede afectar tanto a la motricidad gruesa como fina y dar lugar a niños topes, que no son capaces de subir en bici, que no tienen equilibrio…

•Retrasos en el habla y a nivel motor.

•Conductas disruptivas, como impulsividad, fácil distracción, agresividad, huida, etc.

•Autoestima baja. La dificultad para realizar algunas tareas cotidianas o para jugar con otros niños puede afectar a su autoestima.

En qué consiste la terapia
Las sesiones de terapia de integración sensorial están llevadas a cabo por un terapeuta ocupacional y consisten básicamente en actividades que cambien sus habilidades para responder apropiadamente a la entrada sensorial y llevar a cabo una respuesta organizada y exitosa. Rocío Lorente nos cuenta que en su centro lo primero que hacen es ‘regular’ al niño, “es lo primero que se trabaja. Sobre todo, si son niños muy activos, solemos utilizar actividades con mucha carga física, como cama elástica, saltar… con vuelta a la calma, que es básicamente relajación. Y una vez regulados, empezamos a trabajar para que puedan hacer con normalidad actividades diarias que les cuesten, como cortarse las uñas, el pelo, vestirse, atarse los cordones, la escritura…”.

Es decir, que en función de las dificultades que tenga el niño en su vida diaria, las actividades serán distintas. Estas actividades, a grandes rasgos, incluyen, estimulación vestibular (del equilibrio y los movimientos), propioceptiva (de los receptores que perciben la posición de los músculos, la temperatura, la presión…) y táctil, y siempre adaptadas al juego y a los intereses del niño. Estas actividades se irán adaptado a la evolución del niño según vaya consiguiendo respuestas cada vez más moduladas.

¿Qué se puede esperar de esta terapia?
Como deja claro Rocío, las disfunciones de integración sensorial, “no se curan”, es decir, que es probable que las terapias se alarguen en el tiempo y persistan en la edad adulta, pero, gracias a esta terapia las personas que las padecen “tienen estrategias para, aparte de que su respuesta se vaya ajustando, aprender a regularse solos. Es decir, les damos estrategias para que ellos las utilicen en esos momentos de ‘saturación’. Esas estrategias las pueden aprender de niños y seguir utilizándolas de mayores”.