Xalapa, Ver.- ¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando sentimos que no tenemos a quién acudir? ¿Cómo afecta una noche de desvelo a nuestras neuronas frente a un examen? Diego Armando Navarro Nolasco, recién egresado del Doctorado en Investigaciones Cerebrales de la Universidad Veracruzana (UV), se propuso responder estas dudas no solo con cuestionarios, sino observando directamente la electricidad del cerebro.
Su tesis, titulada “Patrones rsEEG asociados a la relación Ansiedad y Apoyo Social Percibido en Jóvenes Adultos Sanos”, representa un hito en el Instituto de Investigaciones Cerebrales (IICE), al combinar la neurofisiología clínica con herramientas avanzadas de Big Data.
En la investigación, Navarro Nolasco trabajó con 25 estudiantes de la UV, analizando sus ondas cerebrales mediante electroencefalogramas (EEG).
El hallazgo principal fue que el apoyo social percibido (sentir que cuentas con tu familia, amigos o pareja) no es solo un sentimiento reconfortante; actúa como un “amortiguador” biológico que modifica los patrones eléctricos del cerebro.
Sin embargo, el científico advierte sobre una “ansiedad invisible”; aunque los participantes se consideraban sanos, el promedio presentó ansiedad moderada, manifestada principalmente como preocupación mental constante (síntomas cognitivos) antes que malestares físicos.
La investigación, dirigida por Consuelo Morgado Valle y Fabio Alfredo García García, identificó tres variables que “encienden” las alarmas cerebrales: dormir menos de ocho horas es el factor de riesgo número uno, pues los jóvenes que no descansan presentan un perfil cerebral (Cluster 3) con alta probabilidad de ansiedad elevada.
También se detectó que las mujeres presentan mayor potencia en ciertas ondas cerebrales y que la fase de pre ovulación influye directamente en cómo el cerebro procesa la ansiedad.
Gracias a la programación en Python, se logró clasificar a los alumnos en grupos según su actividad cerebral; el de menos apoyo social mostró una dominancia de ondas Alfa con ojos abiertos, lo que sirve como un “marcador”; de vulnerabilidad.
«A través de este estudio, no solo confirmamos que el apoyo social percibido es vital para la salud mental, sino que encontramos marcadores neurofisiológicos objetivos, pudimos ver que la falta de sueño y el ciclo ovárico no son solo estados anímicos, sino que alteran la forma en que oscilan las ondas de nuestro cerebro, permitiéndonos proponer nuevos biomarcadores para la detección temprana de la ansiedad», señaló Navarro Nolasco.
Con estos resultados, la UV se coloca a la vanguardia en la búsqueda de biomarcadores, permitiendo que en un futuro la ansiedad pueda detectarse mediante un estudio rápido de ondas cerebrales antes de que se vuelva incapacitante para el estudiante.
Este estudio, desarrollado en el Instituto de Investigaciones Cerebrales (IICE), refuerza la importancia de las redes de apoyo y el autocuidado (higiene del sueño) como pilares fundamentales para el éxito académico y la salud mental en la comunidad universitaria.
Con información de UV