Estados Unidos parece estar atrapado en un laberinto geopolítico cuyas
consecuencias aún resultan difíciles de descifrar.
Que Oriente Medio se encuentre en conflicto quizá ya no sorprenda al mundo. Su posición estratégica —entre Europa, Asia y el norte de África— lo ha convertido desde la antigüedad en un nodo fundamental del comercio global. A ello se suma su enorme riqueza energética: algunos de los yacimientos de petróleo y gas más grandes del planeta se concentran en esta región, lo que la convierte en un objetivo permanente de las grandes potencias.
El conflicto actual tiene raíces profundas. Muchos analistas sitúan su origen en 1979, cuando cayó el régimen iraní gobernado por los shahs. La monarquía fue derrocada por la Revolución Islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, quien instauró una república teocrática con un fuerte discurso antiimperialista.
Desde entonces se ha desarrollado una confrontación indirecta entre Irán, Estados Unidos e Israel, caracterizada por ataques encubiertos, operaciones de inteligencia y el uso de actores intermediarios. A esta dinámica se le ha denominado con frecuencia
una “guerra en las sombras”.
Irán, por ejemplo, ha financiado y armado a milicias chiitas como Hezbolá, asentadas principalmente en el sur del Líbano, que han lanzado ataques contra territorio israelí.
Israel, por su parte, ha respondido con bombardeos contra posiciones de estos grupos en territorio libanés y sirio, y recientemente ha intensificado sus operaciones contra instalaciones estratégicas dentro del propio territorio iraní.
La escalada militar que hoy experimenta la región coloca al mundo ante un escenario de enorme incertidumbre. Para comprender su dimensión, conviene observar las matemáticas del conflicto.
Entre Irán y la península arábiga se encuentra uno de los pasos marítimos más estratégicos del planeta: el estrecho de Ormuz.
Este corredor conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y tiene apenas 33
kilómetros de ancho en su punto más estrecho, entre la costa iraní y la península de Musandam, en Omán.
Por allí circula aproximadamente el 20 % del petróleo que consume el mundo, es decir, uno de cada cinco barriles. En términos concretos, por el estrecho se transportan 21 millones de barriles diarios. Si se considera un precio de referencia del petróleo Brent
de 100 dólares por barril, el valor del crudo que atraviesa diariamente el estrecho supera los 2,000 millones de dólares.
El anuncio de Irán sobre el cierre de este paso estratégico provocó que el precio del
Brent rozara los 120 dólares por barril. Posteriormente retrocedió hacia una banda de 85 a 90 dólares, después de que la Agencia Internacional de Energía —organismo que coordina a 32 países— anunciara la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas para estabilizar el mercado. Sin embargo, el Brent del Norte, al momento se cotiza nuevamente en 103 dólares por barril. Esto ya significa tremendas presiones
en los precios de gasolinas y diésel.
Imagine Usted el impacto si el pronóstico de las autoridades iraníes se materializa si el conflicto se intensifica y el precio del petróleo escala hasta 200 dólares por barril, veríamos sin dudas efectos potencialmente traumáticos sobre la economía mundial al elevar la inflación global entre 1 y 2 puntos porcentuales.
Cerrar el Estrecho de Ormuz podría acarrear graves consecuencias en el mercado alimentario global, porqué por ahí llegan el 80% de los alimentos que se consumen en los países del Golfo Pérsico. Lugares como Dubai, Abu Dabi o Doha podrían quedarse sin comida en muy poco tiempo.
Pero la guerra también se mide en números militares.
Durante décadas, Irán se ha preparado para un posible enfrentamiento con Estados Unidos e Israel. En ese tiempo ha desarrollado una industria militar propia basada en misiles balísticos, drones de bajo costo y sistemas de guerra asimétrica.
La lógica de esta estrategia es clara: saturar las defensas enemigas. Un misil
interceptador Patriot, utilizado por Estados Unidos e Israel para defensa aérea, tiene un costo aproximado de 4.0 millones de dólares. En contraste, un dron iraní Shahed136 cuesta cerca de 50,000 dólares y puede producirse en grandes cantidades en muy poco tiempo.
En términos estratégicos, esto significa que Irán puede obligar a sus adversarios a gastar millones de dólares en defensa para neutralizar armas que cuestan apenas una fracción de ese valor.
El balance de poder en cifraIndicador Estados Unidos Israel Iran
PIB 30 billones USD 610 mil millones
USD 464 mil millones
USD Ranking militarglobal 1 15 16
Presupuesto Militar 830 mil millones
USD 34.6 mil millones USD 8 mil millones USD Soldados en activo 1.3 millones 170 mil 670 mil Cazas de 5ª generación
600–700 48 0 Portaviones 11 0 0
Submarinos 71 5 19-30 Cabezas nucleares 5,225 80–200 (ambigüedad nuclear)
No confirmadas Fuentes: CIA World Factbook, SIPRI, BBC, RTVE.
A pesar de estas enormes diferencias, la realidad del campo de batalla no siempre
refleja la superioridad absoluta que algunas declaraciones políticas sugieren.
El costo de la guerra
Según reportes que han surgido en el propio Pentágono, la operación militar
denominada “Furia Épica” habría costado a Estados Unidos 11,300 millones de
dólares tan solo en su primera semana.
Informes de inteligencia filtrados también señalan que 28 bases militares
estadounidenses en la región habrían sufrido daños parciales o totales tras ataques con misiles iraníes. Estas instalaciones —construidas a lo largo de décadas y con inversiones multimillonarias— habrían quedado inutilizadas en cuestión de días.
A esto se suman los daños materiales aún difíciles de cuantificar en ciudades iraníes e israelíes que continúan bajo bombardeos. Imágenes difundidas desde Tel Aviv muestran zonas urbanas devastadas.
La pregunta ahora es inevitable: ¿Aprobará el Congreso estadounidense más recursos para continuar la operación? ¿Y hasta dónde permitirá avanzar al presidente Donald
Trump en su estrategia militar?
Otro elemento que suele pasarse por alto es el factor cultural. Diversos analistas
señalan que la estrategia estadounidense podría haber subestimado el peso del martirologio en la tradición chiita, una narrativa profundamente arraigada en la historia religiosa iraní.
Esta tradición se nutre de relatos contenidos en los hadices —dichos atribuidos al profeta Mahoma— y en las biografías históricas conocidas como sira, que narran el sacrificio del imán Hussein durante la batalla de Karbala. Estas historias han moldeado
durante siglos una cultura que exalta el sacrificio de la vida por una causa superior.
Tampoco perdamos de vista que Irán, procede de la antigua Persia y que en ese sentido heredan la tradición, el bagaje cultural, la historia de una nación de más de 2,500 años de antigüedad. Se trata de una amalgama social y territorial con fuertes raíces endógenas cimentadas desde el reinado de Ciro el Grande fundador del imperio
Aqueménida en el año 550 AC.
En conclusión, el conflicto no parece acercarse pronto a una resolución. Y si bien Estados Unidos mantiene una superioridad militar indiscutible en muchos indicadores, las capacidades de guerra asimétrica de Irán y su posición estratégica tanto en el sistema energético global como territorialmente, sugieren que el pronóstico del desenlace es de consecuencias reservadas.
En otras palabras, las matemáticas de la guerra indican que el costo económico,
político y energético de este enfrentamiento podría extenderse mucho más allá del campo de batalla.
Cuando las grandes potencias chocan en una región que controla buena parte de la
energía del planeta, las consecuencias terminan llegando —tarde o temprano— a todas las latitudes del planeta.El mundo haría bien en prepararse.
Autor:
Pedro Núñez Mendoza es Economista por la Facultad de Economía de la UNAM, Maestro en Políticas Públicas por el ITESM campus CDMX y ambientalista por vocación