Estados Unidos. 09 de febrero del 2026.-
Bad Bunny protagonizó uno de los espectáculos de Medio Tiempo más comentados y simbólicos en la historia del Super Bowl. Su presentación, que duró apenas 13 minutos, fue una celebración intensa de la identidad latina, de Puerto Rico y de los ritmos que han marcado su carrera, en un contexto social y político en Estados Unidos que hizo aún más potente su mensaje.

El show inició en un momento clave del partido, cuando los New England Patriots se mantenían en cero y los Seattle Seahawks lideraban 9-0 en el segundo cuarto, tras tres goles de campo de Jason Myers y un arranque encendido de Kenneth Walker III.
En ese escenario, Bad Bunny apareció con un mensaje contundente: “Qué rico ser latino”, dando paso a una puesta en escena que transformó el campo en un pequeño Puerto Rico, con una “casita” al centro, decenas de bailarinas y una narrativa visual profundamente arraigada en la cultura caribeña.
El repertorio recorrió algunos de los mayores éxitos de su trayectoria, como Tití preguntó, Yo perreo sola, Party, VOY A LLeVARTE PA PR, un fragmento de Gasolina, EoO, Mónaco, Baile inolvidable, NUEVAYoL, El apagón, CAFé CON RON y DtMF.
Durante El apagón, lanzó una de las frases más celebradas de la noche, “ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón”, sintetizando el espíritu del espectáculo.
La narrativa del show incluyó una celebración nupcial dentro del escenario, con elementos muy reconocibles de la vida cotidiana latinoamericana, un niño dormido en una silla, una novia embarazada y una atmósfera de fiesta familiar que contrastó con el formato tradicional del Medio Tiempo. Lady Gaga fue una de las invitadas especiales, interpretando una versión latina de Die with a Smile, mientras que Ricky Martin se sumó para cantar Lo que le pasó a Hawái, generando uno de los momentos más emotivos de la noche.
En uno de los pasajes finales, Bad Bunny nombró a todos los países de Latinoamérica, incluyendo México, y cerró con una frase que resonó como declaración política y cultural: “Seguimos aquí”.
Más allá del espectáculo musical, su actuación fue leída como un acto de representación y resistencia, un recordatorio de la presencia, la fuerza y la diversidad latina en uno de los escenarios mediáticos más influyentes del mundo.
En un contexto marcado por tensiones migratorias, discursos excluyentes y debates identitarios en Estados Unidos, el show de Bad Bunny no solo fue histórico por su alcance artístico, sino por el mensaje que colocó en el centro del espectáculo: la cultura latina sigue viva.