México. 17 de septiembre del 2026.-Moderna y Merck obtuvieron resultados positivos en un ensayo de fase 3, lo que abre una nueva posibilidad para tratar este agresivo cáncer de piel; sin embargo, su costo y la infraestructura necesaria para producir una terapia específica para cada persona podrían convertirse en barreras de acceso
Carlos Ochoa Aranda Sep 14, 2026
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La posibilidad de enseñar al sistema inmunitario a reconocer las características particulares del cáncer de cada paciente dio un paso importante con el anuncio de resultados positivos en fase 3 de Intismeran autogene, vacuna personalizada de ARN mensajero desarrollada por Moderna y MSD (Merck, en Estados Unidos) contra el melanoma.

El tratamiento se administra en combinación con pembrolizumab, una inmunoterapia, a pacientes a quienes se les ha extirpado quirúrgicamente el tumor y se mantienen en un alto riesgo de recaída.

A diferencia de las vacunas tradicionales, no busca impedir que una persona desarrolle la enfermedad, ni se fabrica de la misma manera para todos. Una muestra del tumor es analizada para identificar sus características particulares y, a partir de esa información, se desarrolla una vacuna de ARN mensajero específica para ese paciente, con el propósito de que su sistema inmunitario pueda reconocer las células malignas si reaparecen.

El anuncio representa un avance relevante, aunque todavía deben conocerse los resultados completos del ensayo para determinar con precisión la magnitud de sus beneficios y su seguridad.

Para Rodrigo Roldán Marín, médico cirujano de la UNAM con la especialidad de dermatología, maestro en Ciencias Médicas por esta casa de estudios y quien realizó una estancia de cuatro años en la Unidad de Melanoma del Hospital Clínico de Barcelona, el avance podría modificar de manera significativa el panorama para los pacientes con melanoma avanzado.

Aunque el tratamiento de este cáncer ha experimentado importantes avances durante los últimos 15 o 20 años, consideró que la vacuna abre una posibilidad que hasta hace poco parecía mucho más lejana.

“Esta vacuna va a permitir decir que estos pacientes quedaron prácticamente curados, cosa que antes no podíamos afirmar”, resaltó el académico.

El melanoma es especialmente peligroso, explicó, por su capacidad para pasar inadvertido frente a las defensas naturales del organismo. Roldán Marín recurrió a una imagen sencilla para explicar un proceso biológico complejo: el tumor sabe esconderse.

Subrayó que es un tumor con la capacidad de engañar con mucha facilidad al sistema de defensa. Indicó que se oculta, se esconde, se disfraza y el sistema de defensa, por tal razón, no lo puede combatir ni eliminar.

“Lo que nos permite esta tecnología, para hablarlo de forma muy simplista, es reconocer las máscaras o disfraces que usa el melanoma para esconderse del sistema de defensa”.

De esta manera, detalló, la combinación de inmunoterapia y vacuna actuaría como un entrenamiento mucho más completo para el sistema inmunitario.

“Ya no sólo lo entrenamos y le enseñamos cómo pelear mejor, sino que además le mostramos cómo se disfraza el melanoma. Entonces, el sistema inmunológico evidentemente tiene mucha más capacidad de poder reconocer al enemigo, atacarlo y eliminarlo”.

Medicina a la medida
Una de las particularidades de este tratamiento es precisamente que no existe una vacuna idéntica para todos los pacientes. Después de extirpar el melanoma, el tumor se compara con tejido sano de la misma persona para determinar cuáles son las características específicas que podrían ser reconocidas por el sistema inmunitario.

Roldán Marín destacó que, de acuerdo con la información difundida por las empresas responsables de la tecnología, el proceso podría ser relativamente rápido.

El especialista apuntó que a partir de que se extrae el tumor y se hacen las muestras de tejido, en un lapso aproximado de 15 días se pueden tener desarrolladas las vacunas.

“Es como la máscara o el disfraz que usa el melanoma, porque lo que nos permite es reconocer estos neoantígenos o disfraces para presentárselos al sistema de defensa, y que ahora sí los glóbulos blancos puedan montar una respuesta mucho más robusta y fuerte para atacar al tumor”.

Sin embargo, el especialista pidió considerar que el anuncio de las farmacéuticas todavía debe acompañarse de la información científica completa. Uno de los aspectos que le interesa conocer es si la combinación permitiría reducir el tiempo durante el cual los pacientes necesitan recibir inmunoterapia.

Actualmente, comentó, este tratamiento puede extenderse aproximadamente entre 12 y 15 meses. “Si hoy ese tiempo lo logramos reducir a sólo seis o tres meses, eso ya representa una ganancia muy importante en términos de costo y de calidad de vida, porque la inmunoterapia, si bien no es una quimioterapia, también puede tener algunos efectos adversos”.

La expectativa es determinar si este procedimiento puede ayudar al cuerpo a identificar y combatir otros tumores y, con ello, mejorar el pronóstico incluso de pacientes que se encuentren en etapas avanzadas”

Rodrigo Roldán Marín
Especialista en dermatología por la UNAM

Un desafío: quién podrá pagarla
El avance científico, sin embargo, abre una segunda discusión. Una vacuna fabricada específicamente para las características del tumor de cada persona requiere tecnología, infraestructura y recursos que podrían hacer difícil que sus beneficios lleguen a todos los pacientes.

Rodrigo Roldán advirtió que actualmente el tratamiento no se encuentra comercialmente disponible. Incluso si un paciente tuviera los recursos económicos, señaló, todavía no existe la posibilidad ordinaria de solicitar a la compañía la fabricación de su vacuna personalizada.

En México habría además otro paso indispensable: que las empresas responsables decidieran introducir la tecnología a nuestro país y solicitaran las autorizaciones correspondientes ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), y también que existiera interés gubernamental para buscar el acceso al tratamiento.

“El tema es que evidentemente la farmacéutica, como buena empresa, lo ve desde el punto de vista económico, y seguramente la enorme limitante que habrá en la mayoría de los países para muchos pacientes, es que esta tecnología no será precisamente económica”.

Aspectos de la tecnología
El especialista comentó que otro de los aspectos prometedores es que la tecnología no necesariamente terminaría en el melanoma. La misma estrategia podría estudiarse en otros tipos de cáncer.

“Justamente lo relevante es que esta tecnología no estaría limitada solamente al melanoma. Hoy se probó en este tipo de tumor, pero se puede utilizar para muchos otros tipos de cáncer”.

La expectativa, opinó, es determinar si este procedimiento puede ayudar al sistema inmunitario a identificar y combatir otros tumores y, con ello, mejorar el pronóstico incluso de pacientes que se encuentren en etapas avanzadas.

Pero Roldán Marín hizo una precisión importante sobre la palabra “vacuna”. Para la población, el término está asociado principalmente con la prevención de una enfermedad antes de que aparezca, pero aquí no es el caso.

“Desde una óptica social, no”, respondió al preguntarle si debería entenderse como una vacuna convencional. “La sociedad asume que la vacuna es algo preventivo, es decir, es algo que me pongo para que no me dé la enfermedad. Aquí en realidad no es una vacuna, es una estrategia de tratamiento”.

En este sentido, expresó que se le denomina vacuna por la manera en que actúa sobre las defensas del organismo: “Es una vacuna en el sentido que, al igual que lo que todos llamamos o conocemos como tal, le presenta al sistema inmunológico una estrategia o una forma de defenderse o atacar mejor al enemigo”.

Por ello, insistió en una diferencia fundamental: “No es vacuna en el aspecto preventivo, sí es vacuna a través del mecanismo de acción. Pero en realidad lo que tenemos que entender y tener muy claro es que esto no es prevención, es una estrategia de tratamiento”.

En medio del entusiasmo generado por una tecnología que podría transformar el tratamiento del melanoma, Roldán Marín llamó a no perder de vista una herramienta mucho más sencilla, disponible y costoefectiva: detectar la enfermedad a tiempo.

“Si bien esto viene a abrir un horizonte o un panorama que se vuelve un abanico grande de oportunidad para el melanoma y para otro tipo de cánceres, al día de hoy la mejor estrategia, la más eficiente y la más costoefectiva sigue siendo la detección temprana y la prevención”.

En el caso del melanoma y otros cánceres de piel, concluyó, esto significa evitar las quemaduras solares y revisar periódicamente la piel. Mientras la ciencia avanza hacia tratamientos capaces de reconocer las características particulares del tumor de cada persona, el desafío será conseguir que ese progreso no sólo pueda medirse por su eficacia, sino también por la posibilidad real de que quienes lo necesiten puedan tener acceso a él.

Detrás de este avance científico está la posibilidad de que una persona con melanoma tenga una nueva oportunidad frente a una enfermedad que puede ser muy agresiva. El reto será que una tecnología diseñada prácticamente a la medida de cada paciente pueda algún día estar al alcance de quienes la necesitan y no sólo de quienes puedan pagarla.

Con información de la UNAN