NUDIBRANQUIOS: CRIATURAS DE FANTASÍA

Alberto Risquez Valdepeña

Secretario Técnico, Instituto de Ecología, A.C.

Brillantes, extraños, de gran colorido y diseños inimaginables, los nudibranquios habitan en mares y océanos. Popularmente son mejor conocidos como babosas de mar y, aunque muchas especies de ellos son parientes de las babosas y caracoles de tierra, tienen varias diferencias morfológicas y funcionales que los hacen únicos. Son moluscos, gasterópodos de la subclase de los opistobranquios; organismos marinos de cuerpo blando con branquias expuestas; no poseen caparazón ni opérculo; son completamente acuáticos y se reconocen más de 3000 especies.

En cuanto a su hábitat, son marinos bentónicos (bentos es el grupo de organismos que viven en contacto o en dependencia directa con el fondo del mar o de los lagos continentales), aunque la mayoría de sus especies viven en zonas relativamente poco profundas y se concentran mayormente en las regiones del trópico, se han encontrado algunas especies de nudibranquios en profundidades de hasta 2500 metros y también en latitudes de zonas polares. Los nudibranquios se mueven muy lentamente, por lo que normalmente no pueden viajar grandes distancias, lo que hace que la mayor parte de su vida se encuentren cerca del lugar donde nacieron.

 

Nudibranquio significa “branquia desnuda” y deben este nombre a que sus branquias se encuentran completamente expuestas y en contacto directo con el agua, son las estructuras respiratorias para obtener el oxígeno del agua (Fig. 1). Esto los hace que sean un grupo muy particular dentro de los moluscos.

Básicamente existen dos grupos de nudibranquios: Los doriáceos que se caracterizan por presentar un manto que cubre todo el pie y sobre el dorso los rinóforos sobre la cabeza y un ramo de branquias hacia la parte media-trasera (Fig. 1). Y los aeolidáceos, que además de los rinóforos tienen una serie de apéndices llamados ceras o ceratos repartidos sobre el dorso que realizan la función de intercambio de oxígeno, en vez de las branquias (Fig. 4).

Por otro lado, se les cataloga taxonómicamente en la clase de los gasterópodos o gastrópodos (gastér= estómago, pus= pie) por la característica de presentar como medio de locomoción un pie plano muscular ventral, el cual, utilizan como medio de transporte, que le permite deslizarse lentamente sobre el sustrato donde se encuentran. Son hermafroditas, no hay hembras y machos, cualquier individuo tiene la capacidad de almacenar o recibir esperma para fecundar los huevos, pero forzosamente debe haber intercambio, no existe la autofecundación.

En la parte frontal tienen una cabeza bien desarrollada, que incluye unos ojos diminutos; 1-2 pares de tentáculos, dependiendo la especie, que sirven como órganos olfativos y una concentración de tejido nervioso llamada ganglio (Fig. 2).

Su cuerpo parece una esponja descubierta, por lo que su manera más habitual de defensa está basada en una excreción venenosa, la cual obtienen gracias a una adaptación evolutiva que está relacionada con su alimentación (Fig. 3).

Su alimentación es principalmente carnívora, se compone de pequeños animales marinos sedentarios, tales como anémonas, esponjas, medusas sésiles, briozoos, entre otros. En algunos casos se han llegado a encontrar actos de canibalismo, como el consumo de huevecillos de su propio tipo. Para alimentarse, disponen de una rádula, que es una estructura que se localiza en la base de la boca y está constituida por una cinta en la que se encuentran hileras longitudinales de pequeños dientes quitinosos.

Es aquí entonces donde aparece la estrategia de defensa: Los nudibranquios aprovechan la toxicidad de organismos que forman parte de su dieta, tal es el caso de las anémonas, las cuales poseen células urticantes llamadas nematocistos, estas células están diseñadas para disparar desde su interior un filamento punzante lleno de toxinas, este hilo de púas es tan potente que puede llegar a perforar conchas de crustáceos. Pues bien, los nudibranquios se apropian de dichos nematocistos, es una forma bastante efectiva de protegerse de los depredadores, afortunadamente los nudibranquios tienen muchas adaptaciones que les permiten aprovechar estas ventajas (Fig. 4).

 

La primera adaptación está en su boca y garganta, están revestidas con una sustancia dura llamada quitina, gracias a ello las púas de los nematocistos cargadas de toxinas no la atraviesan, por lo que los nudibranquios pueden masticar y tragar los tentáculos de la anémona sin ningún problema, posteriormente aprovechan esos nematocistos a su favor.

Gracias a este mecanismo y a su gran colorido que indica “soy venenoso” no tienen depredadores directos, pero son muy delicados a los cambios de temperatura, condiciones climatológicas, contaminación y alteraciones de su hábitat. Por deducción, nosotros somos el mayor peligro que amenaza su existencia, debido a la contaminación de los mares directamente o por la contaminación de los ríos que al final desembocan al mar.

Referencias:

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