¿Qué pierde México con el calentamiento global?

Noemí Matías-Ferrer

Juan Esteban Martínez-Gómez

Red de Interacciones Multitróficas, Instituto de Ecología A.C.

 

Resumen

 

La temperatura en el planeta se ha incrementado en poco más de 1 °C por la quema de combustibles fósiles, la deforestación entre otras actividades humanas. Las consecuencias han sido severas para la vida en el planeta. Las proyecciones indican que la temperatura seguirá aumentando hasta alcanzar un poco más de 3 °C. Para contener la catástrofe es necesario alcanzar las metas del 2030 en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la transición a energías limpias.

 

Palabras clave: Acuerdo de París, Cambio Climático

 

A partir de la revolución industrial del siglo XVIII, el principal motor de cambio en los patrones climáticos del planeta han sido las actividades humanas. Entre estas, la creciente demanda y quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas, que liberan gases de efecto invernadero (GEI) como el CO2. Desde entonces, la temperatura global del planeta ha aumentad un poco más de 1 °C. Este incremento paulatino y constante en la temperatura ha generado graves efectos que están poniendo en riesgo todas las formas de vida en el planeta, incluyendo al ser humano.

Las proyecciones sobre los impactos cambio climático global sugieren que para el año 2100, la temperatura global del planeta se incrementará hasta en 3 °C con consecuencias catastróficas para el planeta y su biodiversidad. De acuerdo con la ONU es urgente disminuir las emisiones de efecto invernadero con el fin de limitar el aumento de la temperatura a no más de 1.5 °C para el año 2030.

Son 10 países los principales emisores de gases de efecto de invernadero, que aportan el 68% del total de gases que contribuyen a este fenómeno. No obstante, todos los países deben comprometerse a reducir sus emisiones por el planeta, e implementar las medidas a su alcance. Por ejemplo, México al generar el 1% del total de gases que contribuyen al efecto de invernadero del planeta, ratificó en el 2016 su compromiso en el Acuerdo de Paris sobre Cambio Climático a reducir las emisiones GEI del sector industrial y la generación de energías limpias en un 43% para el año 2030. Además de la reducción de las emisiones, se deben tomar medidas para la adaptación y la disminución de los procesos que generan estos gases; así como asegurar el financiamiento requerido para mantener el ritmo del calentamiento global por debajo de los 1.5°C y con ello atenuar la catástrofe.

Los efectos del calentamiento global ocurren a niveles regionales y locales, pero todas tienen consecuencias en los ecosistemas. Por sus características geográficas, México es muy vulnerable a eventos meteorológicos extremos, como una mayor intensidad de las sequias y huracanes. Por otro lado, el deshielo de los polos ha propiciado el incremento del nivel del mar, lo que pone en riesgo a los ecosistemas costeros. Por ejemplo, los manglares al desplazarse hacia hábitats menos propicios pueden desaparecer, por lo que perderíamos estas barreras naturales que nos protegen de vientos y mareas. Además de la pérdida de zonas de protección, crecimiento, reproducción y alimentación de peces, crustáceos, moluscos y mamíferos, por lo que se verían afectadas especies de importancia económica para las pesquerías y la industria camaronera.

Por otro lado, ante el incremento del nivel del mar, muchos de los 4000 cuerpos insulares con los que cuenta México estarían en un alto riesgo de desaparecer, junto con la biodiversidad insular y las comunidades humanas de las islas pobladas (131 en total). Otras de las afectaciones del aumento en el nivel del mar es la erosión de dunas y playas costeras, lo que compromete la viabilidad de las poblaciones de tortugas marinas por la pérdida y destrucción de sus sitios.

México al ser un país megadiverso alberga al menos la quinta parte de las especies de plantas vasculares, mamíferos, reptiles y anfibios de mundo, muchas de ellas endémicas.  Estas últimas se caracterizan por tener un hábitat específico y distribución reducida. Ante el aumento de la temperatura el riesgo de extinción de reptiles terrestres incrementa debido a que son incapaces de responder rápidamente a los cambios ambientales ya que sus preferencias térmicas están genéticamente programadas.

Entre los ecosistemas terrestres, los bosques templados se verán desplazados hacia alturas más adecuadas para su sobrevivencia, pero no con la velocidad suficiente para evitar los impactos del calentamiento global por lo que podrían desaparecer. Este es el caso de los bosques de oyamel (Abies religiosa) endémicos del centro de México, que sólo se encuentran por arriba de los 3000 m de altitud entre otras especies en riesgo como la mariposa monarca, el zacatuche y una gran la diversidad de hongos comestibles que habitan estos bosques.

Ante este escenario, como ciudadanos ¿qué podemos hacer? El primer paso es exigir a nuestras autoridades que se comprometan a cumplir los compromisos del Acuerdo de París para lograr la transición energética a tecnologías y combustibles limpios, así como a reducir la producción GEI y el uso de combustibles fósiles durante la generación de energía eléctrica. No obstante, las formas de generación de energías limpias deben tener un impacto mínimo en la fauna, por ejemplo, se debe evitar la muerte de aves y murciélagos durante la producción de energía Eolo-eléctrica.

La acumulación GEI continúa y el cambio climático se agudiza. De seguir este rumbo, se pone en riesgo toda la vida en el planeta. En un escenario crítico, de emergencia, una transición energética paulatina tal vez no sea posible, entonces será necesario considerar el uso de la energía nuclear para garantizar el abasto de fluido eléctrico sin producir GEI. Si las plantas nucleares logran manejar sus desechos radioactivos de manera segura podrían convertirse en una opción con menor impacto a la biodiversidad porque la superficie que requieren para su operación es mucho menor respecto a otras plantas de producción eléctrica.